Hola, soy Paula Martín. Hace un tiempo viví una entrañable historia de amor, que he querido compartir con todos los internautas que se pasen por aquí. Viajad con vuestra imaginación a las playas, los campos, las casas de piedra y el sol de verano...

jueves, 22 de julio de 2010

Tercer episodio: Mi llegada


En cuanto llegué a la finca de mis abuelos, una de las más bonitas del pueblo, he de reconocerlo. Construcción de piedra y madera, amplias ventanas, terrazas repletas de flores, una vista impresionante de la bonita cala de la que ya os hablé.
-¡Hola, chicos!-dijo mi abuela, corriendo a nuestro encuentro, con la prisa lenta propia de una señora mayor. Mis hermanos y yo bajamos del coche antes que nuestros padres, que se quedaron a descargar las maletas-¡Marc, cómo has crecido! ¡Y tú también, María!
Me observó a mí a continuación, mi aspecto enfurr
uñado y mis labios que formaban una sonrisa de plástico a modo de saludo.
-Paula...
-Hola, abuela-dije, esta vez con sincera alegría. La voz de la abuela tiene algo que a la vez me alegra y me hace confiar en ella y en mí misma. Hacía tanto que no tenía el privilegio de escucharla...
-¿Dónde están tus padres?-me preguntó tras un abrazo.
-Con las maletas.
Se fue rápidamente con sus pantuflas a recibirlos, dejándonos a la entrada de la casa. Mis hermanos me interrogaron con la mirada y yo
les indiqué que entrasen. Ellos acataron la orden con sorprendente rapidez, y se abalanzaron sobre la puerta, desapareciendo a continuación por el pasillo, posiblemente en busca de mi abuelo.
Yo, en cambio, sabía por experiencia que aquella era la hora de siesta del abuelo, así que me dirigí a mi cuarto, que supuse que sería el de siempre.
Me quedé observando la playa desde el ventanal de mi habitación, tras depositar mi maleta sobre la cama, demasiado desganada para ordenar toda la ropa enseguida.
De pronto, vislumbré a tres adolescentes en la playa; dos eran chicas y el otro, un chico que, a pesar del calor que hacía, parecía llevar una especie de cazadora negra. Las chicas, en cambio, lucían un bikini, y charlaban y reían con él.
Suspiré. Algún día tendría que retomar mi relación, aunque superficial, de cada verano, con Blanca y Paloma. Mejor hacerlo desde
aquel momento y quitarse de encima la tensión del primer saludo. ¿Quién sería el chico que las acompañaba?

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