Hola, soy Paula Martín. Hace un tiempo viví una entrañable historia de amor, que he querido compartir con todos los internautas que se pasen por aquí. Viajad con vuestra imaginación a las playas, los campos, las casas de piedra y el sol de verano...
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domingo, 12 de septiembre de 2010

Episodio 27: mi madre tiene unas cosas...

A veces mi madre tiene unas cosas... cuando llegué al pueblo, no hacía más que recomendarme que hiciera vida social, que conociera a gente y me divirtiera, y ahora que le he hecho caso, resulta que no le gustan mis nuevos amigos. Y es cierto que algunos de ellos no son exactamente los chicos con los que suelo ir en invierno, pero tampoco es que pase mucho tiempo con ellos... la verdad, mi círculo de amistades se reduce, resumiendo, a Laura, a Javier y a Sandra, una chica que da la impresión de ser algo estúpida pero que llega a ser muy profunda cuando la conoces, y que es la mejor amiga de Laura en el pueblo. Admito que a veces me da algo de envidia verlas a las dos recordando cosas del colegio, justo como yo querría hacer con mis amigas, pero no puedo, porque están a unos cuantos kilómetros de distancia, o disfrutando de las playas de menorca en sus enormes y lujosas casa de veraneo. Sin embargo, no me importaba tanto como creía, porque siempre hacían esfuerzos para incluirme en la conversación cuando no sabía de qué hablaban, un esfuerzo que podía apreciar.
Sin embargo, me estoy desviando: hablaba de mi madre... el caso es que, un día, tuvo una conversación conmigo:
-¿No crees que tus amigos son algo... liberales?
-No sé a qué te refieres-lo sabía perfectamente.
-Me parece que no hacen sólo lo que está permitido, ya sabes.
-Tengo amigos por una vez, y no te gustan-protesté-. Mamá, los que hacen eso son sólo dos o tres, no todos nosotros. Yo casi nunca voy con la pandilla, ya lo sabes.
-Pero ese chico, Javier, no parece muy bueno para ti...-lo dijo como si tuviéramos perspectivas de matrimonio.
-¡Por favor! Es el único chico normal de todo el grupo, te lo aseguro. Además, si supieras por lo que ha pasado... de verdad, no iría con él si estuviera segura de que no te iba a gustar.
-Bueno, está bien... pero que sepas que he invitado a Blanca a pasar el día aquí hoy contigo-anunció mi madre-es una buena chica, te irá bien cambiar de aires.
Su cara culpable revelaba que sabía desde el principio que la visita no me iba a gustar.
-¡Mamá!-exclamé.
-Hija, esos chicos no son como ella ni como nosotros, es mejor ir variando...
-Mamá, si lo único que hace Blanca es escaparse de su casa para ir a ver a Javier-expliqué-no es tan perfecta como tú crees, de verdad.
Se oyó la campanilla de la puerta de entrada-mis abuelos están chapados a la antigua, y nunca han querido poner un timbre en su puerta; dicen que la campanilla es más suave y más romántica-.
-Debe de ser ella, ve a abrir-ordenó mi madre con una sonrisa-y por favor... no hagas tonterías.
Refunfuñando, abrí la puerta. Allí estaba ella, con un vestido estampado de flores, un lazo en el pelo y la mejor y más falsa de sus sonrisas. "Hipócrita" pensé.
-Hola...
-¡Paula!-saludó ella como el primer día, estampándome un beso en la mejilla-me alegro mucho de verte. ¿Vamos a tu habitación?
-Vale-asentí de mala gana.
Subimos y, en el trayecto, me prometí hacer lo posible por pasármelo bien, para que mi madre no se enfadase y hacerlo todo mucho más agradable.
-Bueno, hemos de hablar-comenzó en cuanto se cerró la puerta de mi habitación, abandonando su pose de niña buena-¿sales con Javier?
-Eso a ti no te importa-respondí de mala manera, sin querer.
-En realidad, sí-dijo ella-ya te lo advertí; él no es para ti... vivís a dos horas de distancia el uno del otro.
-Aun así, no es asunto tuyo lo que haga o deje de hacer-insistí, sentándome sobre mi cama.
-Mira, guapa... no quiero hacerte daño, pero no es que Javier tenga la mejor opinión de ti, según dicen. Me explicaré; él se da cuenta de que vas detrás suyo como un perrito faldero. Realmente, le pareces patética.
"Suerte que no querías hacerme daño" pensé. Y es que estaba dolida. ¿En serio Javier pensaba eso de mí? ¿Es que no podíamos ser amigos y punto? Realmente, ese pueblo era de locos...
De pronto, sonaron unos golpecitos en la puerta, y Laura apareció en la habitación. Mirando enfadada a Blanca, dijo:
-Pasaba por aquí y he venido justo a tiempo... para decirle a Paula que lo que Blanca está diciendo es, en realidad, lo que piensa de ella Javier.
-No te metas, tú no le importas-respondió Blanca.
-Oíd, ¿no podemos jugar a cartas y olvidarnos de Javier por un rato, por favor?-supliqué. No necesitaba pensar más en él, y menos en aquella especie de culebrón que Blanca estaba empeñada en protagonizar.
Saqué una baraja de cartas del cajón y repartí. Jugamos un rato, pero enseguida se presentó mi madre:
-Ha venido a verte Javier, Paula. ¡Ah! Hola, Laura, no sabía que estuvieras aquí.
Javier entró en la habitación sonriendo. De pronto, al tropezar con la mirada de Blanca, soltó una exclamación.
-Eh... ¿qué haces aquí?-fue lo único que acertó a decir.
-Charlaba con Paula... ¿vas a quedarte mucho rato?-preguntó Blanca con mirada obsesiva.
-No lo sé-respondió Javier.
Me miró con reproche y me encogí de hombros en un gesto de impotencia; no tenía ni idea de cómo iba a terminar todo aquello.

lunes, 30 de agosto de 2010

Episodio 25: ¿qué he de hacer?

Al día siguiente, volví a salir. Quería verle, y sabía que sólo salía por eso, aunque intentase convencerme de que únicamente quería charlar un ratito con Laura, tal como le dije a mi madre que haría, aunque, por su modo de mirarme, intuí que sabía el por qué de mis ganas de salir.
Caminé unos minutos por el camino empedrado y bordeado de rosas. Sin darme cuenta, el pueblo estaba comenzando a parecerme más bonito; no sabía si era porque tenía amigos allí o porque me estaba haciendo mayor y ya no me importaba tanto ceñirme a mi versión horrible del pueblo.
-¡Eh, Paula!-gritó una voz. Me volví. Era él.
-¿Qué tal?-saludé. Me di cuenta de lo mucho que me gustaba que dijera mi nombre.
Él se acercó con una sonrisa, y me preguntó adónde iba.
-Iba a ver a Laura.
-¡Ah!-soltó Javier, con expresión culpable. Me pareció que no quería verla, como era lógico justo después de romper. Sin embargo, en cuanto me despedí de él para ir a buscarla, dijo:
-¡Espera! Te acompaño.
Caminamos juntos hacia la plaza, como el día anterior habíamos caminado hacia la playa. Me gustaba saber que estaba a mi lado, hablando conmigo sobre cierta asignatura suspendida o cierto deporte que le encantaba. Aunque estaba sumergida en mis pensamientos, pude mantener una conversación con él, que me sirvió para conocer otros aspectos de su vida en el pueblo-que a mí se me antojaba, para cualquier adolescente, aburrida y sin gracia-. Descubrí que no era tan terrible vivir ahí, que también se montaban sus fiestas y, en cuanto necesitaban algo que allí no podían conseguir, siempre había un hermano mayor, un padre simpático o un abuelo "marchoso" dispuesto a llevarles a todos a la ciudad más cercana-ésa era la ventaja de que todos se conocieran allí-.
Llegamos sin darnos cuenta al callejón que dominaban los amigos de Javier. Laura estaba entre ellos, y abrió mucho los ojos al vernos llegar juntos. Me di cuenta de que tal vez había sido un error que él me acompañara.
-¡Tío! ¿Qué te pasó ayer por la tarde? Habíamos quedado, ¿te acuerdas?-soltó uno de los chicos.
-Perdona, se me... olvidó-se disculpó Javier.
-Vaya, que rápido te echas novia-dijo una voz al fondo. Blanca salió de entre dos chicos que la miraban con admiración, acompañada de Paloma.
-¿Qué haces aquí?-suspiró él.
-Me he pasado para charlar un rato con tus... amigos. Aunque también me gustaría hablar contigo. A solas.
-Lo siento, estoy ocupado-dijo Javier.
-¿Con ella?-preguntó Blanca.
-No, con todos.
Miré a Laura, que seguía mirándome con expresión indiferente, que no disimulaba del todo su pizca de celos. La saludé con la mano y ella me respondió con una sonrisa de plástico.
-Oye, si nos dejas en paz, sería perfecto-le dije yo a Blanca.
-Perdona, no quiero robarte tiempo con tu chico-replicó, marchándose.
¿Es que siempre tenía que aparecer en los mejores momentos para estropearlos? ¿Por qué no seguía haciendo de muñequita de sus padres y nos dejaba en paz? Y Laura, ¿realmente había apartado su mente de Javier? Yo sabía que tenía que dar un paso, decirle a Javier que dejase de andar conmigo o seguir con él... ahora sabía bien lo que quería. Pero no lo que tenía que hacer.

sábado, 28 de agosto de 2010

Episodio 24: un paseo por la playa

Salimos de Misa a las doce en punto. Me quedé fuera y le dije a mi abuela que podía ir volviendo a casa, porque yo iba a hablar con un amigo.
Esperé sola a Javier, que tardó bastante en salir de la iglesia. Aquello me sorprendió, ya que la Misa había acabado hacía por lo menos un cuarto de hora. Unos cuantos amigos de mis abuelos y algunos chicos del pueblo me vieron y se quedaron charlando allí conmigo, pero al final me quedé yo sola en la placita enfrente de la iglesia.
Cuando ya pensaba que a lo mejor él se había marchado por otro lugar, o se había quedado dentro con el sacerdote, ayudándole a recoger, y me iba a marchar, salió.
-¡Paula!-me llamó. Me di la vuelta y le vi ahí, sonriente, muy distinto de como le había visto momentos antes.
-Hola, te estaba esperando-le dije. Nos pusimos a caminar lentamente en dirección a la playa.
-¿Para qué me esperabas?-me preguntó mientras andábamos.
-Bueno, yo me he enterado de lo de Laura, y quería saber qué tal estabas... ya sabes, después de lo que hablamos, además, el otro día...
-Sí, y supongo que te enteraste de la bromita de Blanca.
-Ya... tuve una "conversación" con ella cuando Laura me lo contó.
Javier se paró. Ya habíamos llegado a la playa. Se sentó en la arena, como aquella vez, hacía unas semanas.
-La verdad es que no me duele mucho romper con Laura. Es una buena amiga, pero nada más-suspiró-mejor dejarlo así. Llevábamos demasiado tiempo con esta tensión. Romper es lo mejor que ha podido hacer.
-Pero entonces-repliqué yo-¿por qué no habías roto ya con ella?
-Porque no quería enfadarme con ella, y hasta hace unos días, estoy seguro de que se hubiera enfadado. ¿Por qué lo preguntas?-me miró con picardía-¿celosa?
-Ya quisieras-sonreí, tumbándome en la arena.
Nos quedamos así, en silencio, pensando cada uno en nuestras cosas, que eran exactamente las mismas. No quería pensar en él, pero era realmente difícil teniéndole a mi lado, mientras los rayos de sol me dañaban los ojos.
-Bueno, yo voy a tener que irme ya-dijo él, levantándose y desperezándose-hasta luego.
-Adiós.
Le observé marcharse, y él se giró un momento para decirme adiós con la mano. Le saqué la lengua y me volví a tumbar.
Cinco minutos después de que se hubiera marchado, noté que había alguien a mi lado. Pensé que habría vuelto, así que abrí los ojos.
-Hola-dijo Blanca, sonriendo maliciosamente-veo que los paseos entre tú y Javier son ya muy frecuentes. A Laura le interesará saberlo...
-No creo que le importe, ahora que ha roto con él-le contesté, haciendo pantalla con una mano sobre mi frente para protegerme del sol. Pude ver perfectamente su expresión de júbilo.
-¿Han roto? Entonces, yo de ti no me acercaría mucho a él. Lo digo porque Laura es realmente celosa con este tema...
-No tanto como tú, eso seguro. Sobretodo si ha sido ella quien ha roto.
Me levanté y me fui. Cuando ya estaba en el límite de la playa, oí a Blanca gritarme:
-¡Eso no cambia nada, cariño! ¡Si no quieres más problemas con Laura, mejor aléjate de Javier!
Aunque Laura me había asegurado que no pasaba nada, las palabras de Blanca me inquietaron. ¿Tendría razón? ¿Y qué debía hacer? ¿Seguir los sentimientos de Laura o los míos propios?

martes, 24 de agosto de 2010

Episodio 22: una noticia sorprendente

Nadie me preparó para la noticia que me esperaba dos días después, cuando ni siquiera se habían extinguido de mi mente los restos de furia hacia Blanca, o los sentimientos cruzados en mi corazón, sobre ese chico del cual ni siquiera quería pronunciar el nombre...
Laura vino a mi casa; llamó lentamente a la puerta, por lo que creí que no sería ella, que solía llamar con energía y rapidez, tan alegre como ella misma. Y sin embargo, era ella, aunque muy cambiada.
-Es... Javier-me explicó, con los ojos algo hinchados y enrojecidos. No parecía ser capaz de pronunciar nada más, pero me la llevé a mi habitación para que mis padres no la vieran e hicieran preguntas incómodas (en realidad, tenía más miedo de que me incomodasen a mí que a ella, porque no sabría exactamente explicar que Javier había roto con ella).
-¿Qué ha pasado?-le pregunté una vez estuvimos arriba, aunque sabía perfectamente la respuesta.
-Ayer vi a Javier y... bueno, había quedado conmigo para salir por ahí, y...-Laura apenas podía balbucear sus explicaciones. Aunque yo moría por saber qué había ocurrido, y a la vez no quería oír nada de ello, no la presioné.
-El caso es que... me habló de ti... que sois buenos amigos...-siguió tartamudeando.
Me sentí fatal. ¿Le había dicho que quería salir conmigo? Eso era lo peor que podía hacernos a ambas. Porque yo era la mejor amiga de Laura y porque ni siquiera me había preguntado nada a mí antes de romper con Laura. ¿Y si yo no quería salir con él? Y aunque quisiera-algo de lo que no estaba segura-no podría, no podría hacerle esa faena a mi amiga, que seguramente venía a pedirme que no saliera con él. Aunque... ¿y si quería? ¿Podía detenerme Laura? "No pienses en ello" me dije. Javier era un chulo, como había pensado, por decirle eso a Laura.
-El caso es que me enfadé, porque debería estar pensando en mí, y no en ti. No te ofendas, pero es la verdad-siguió ella.
-Tienes razón-dije, convencida.
-Así que le dije que estaba harta de que... hablara de ti-me miró de reojo para ver si me había enfadado-y... rompí con él.
-¿CÓMO?-salté yo. Mis esquemas se habían roto. Javier no era el chulo que suponía. Y... no le había dicho que quería salir conmigo, algo de lo que yo casi estaba segura. Abandoné mis fantasías con sorpresa y cierta desilusión.
-Sí... me doy cuenta de que somos... diferentes. Yo necesito a alguien que me escuche, que sea fácil de comprender. Él es... muy misterioso para mí. No me va.
-Entonces... ¿no estás enfadada conmigo porque hablara... de mí?-pregunté.
-¡No!-exclamó-puedes salir con él si quieres.
-Entonces... ¿a qué tanto llanto?
-Es que después de salir con él, bueno... no soy de piedra, aún le quiero. No hace ni dos horas que hemos roto, ¿qué esperabas? Pero sé que con el tiempo se pasará... al menos, eso espero.
-Por cierto, ¿qué te hace pensar que saldría con él?-pregunté, extrañada y atemorizada al mismo tiempo, mientras bajábamos las escaleras hasta llegar al porche de casa.
-Pues no sé; está claro que a él le gustas-dijo, antes de irse. En su voz había mucha picardía, pero también tristeza y envidia.
Mis sentimientos comenzaban a desenredarse, pero aquella envidia de Laura les impedía seguir.

domingo, 8 de agosto de 2010

Episodio 20: Blanca ataca de nuevo

Tras mi conversación con Javier-después de la cual estuvimos un rato paseando en silencio y charlando sobre cosas superficiales, porque ya habíamos dicho todo lo importante por aquel día-, me fui a casa. Quería contárselo todo a mis padres, porque toda la tristeza de aquel descubrimiento era demasiado grande como para guardarla dentro de mí, pero no sabía si a Javier le gustaría eso. Sin embargo, he aprendido que hay que confiar antes de todo en la familia, así que decidí contárselo si me daban su promesa de no hablar de ello con nadie-y estaba segura de que la cumplirían; al fin y al cabo, mis padres no son unos cotillas-.
Ellos me dijeron que tal vez Dios lo había querido así-ellos me hablan a menudo de Dios, por lo que estaba segura de que no era una mera expresión-.
-Mira, Paula-me dijo mi madre-a todos nos llega la muerte alguna vez, y tenemos que aprender a superarlo. Ahora, lo que necesita ese chico es tu compañía; si te lo ha contado, no es para que lo ignores sin más. Es para que lo apoyes.
Yo asentí y después me fui a mi habitación, para pensar un rato en lo que me habían dicho mis padres. "Tienen razón" fue lo primero que se me vino a la cabeza, lo cual es extraño, porque normalmente suelo pensar que yo siempre tengo la razón. Supongo que, como esta vez nuestras ideas coincidían bastante, pude concederles la razón a ellos-que en realidad, siempre acaban demostrando que la tienen-.
Llamé a Laura; no quería contarle nada del secreto de Javier-aunque me parecía un poquito raro que me lo contara a mí y no a su novia, y casi tenía decidido pedirle que se lo contara también a ella-, pero necesitaba cotillear un rato con alguna amiga.
-Hola-me dijo Laura, en un tono de enfado evidente-¿qué tal estás?
-¿A qué te refieres?-tanteé yo, confusa-¿no te habrás vuelto a enfadar?
-Oh, no-resopló ella-sólo me he enterado de que has pasado la tarde con Javier, pero no estoy enfadada.
-¿Qué? ¿Quién te lo ha dicho?-exclamé, demasiado sorprendida como para encontrar una excusa.
-Blanca.
¡Otra vez aquella pesada! Sabía que no tardaría en atormentarme de nuevo las vacaciones, como cada año. ¡Pero aquello era pasarse! A saber qué le habría dicho a Laura, cómo habría manipulado la historia a su gusto para conseguir lo que quería. Porque estaba claro que con la estratagema deseaba un 2X1: que Laura se enfadara conmigo, rompiera con Javier y él saliera con ella. ¡Qué chica aquella! Siempre pensando en sí misma y en chicos. ¡Hay otras cosas en la vida, guapa! Eso deseaba decirle.
-Se va a enterar-dije.
-¿Por qué, por contarme la verdad?-preguntó Laura-me ha hecho un gran favor.
-Antes de enfadarte más conmigo... que sepas que yo fui quien buscó a Javier, porque teníamos algo pendiente de que hablar.
-¡Ya sabía que él no había ido a buscarte! ¿Qué crees? Además, no sé qué has de hablar con él.
-Es complicado, no puedo decírtelo... por favor, no te enfades-supliqué, sin querer añadir más problemas a mi verano y aún menos queriendo enfadarme con mi mejor amiga del pueblo.
Ella colgó y yo fui a casa de Blanca. Estaba a punto de salir de mi casa cuando me di cuenta de que eran las once de la noche y de que no podía llamar a esa hora a la puerta de su casa, aunque estuviera probablemente fuera de ella.
"Esperaré a mañana..."me dije. Aunque, realmente, no sé qué quería hacer. Porque, con o sin manipulación, salir a solas con el novio de mi amiga era por sí mismo algo que con razón enfadaría a Laura... pero las causas eran justas, ¿no?

miércoles, 4 de agosto de 2010

Episodio 18: paces

Al día siguiente apenas me atreví a salir de casa, pero quería hablar con Laura acerca de nuestra discusión el día anterior; me cambié, me duché y me vestí con unos shorts azul marino y una camisola amarillo claro. Después de terminar de arreglarme, me dirigí a casa de Laura. Intenté avisarla por teléfono, pero no me respondía las llamadas, por lo que lo dejé y decidí presentarme en su casa sin avisar-éstas son las cosas que puedes hacer en según qué sitios, cuando conoces a todo el mundo y todo el mundo te conoce a ti-.
En cuanto llegué, me abrió la puerta su madre, que pareció muy sorprendida de verme allí-aunque quizá eran solo imaginaciones mías, claro-.
-¡Paula!-exclamó-pasa, pasa. Laura está en su habitación... aunque no sé si...-se notaba que estaba mirando a su hija, probablemente situada en un lugar en el que no podía verla.
-Gracias-dije, entrando en la casa tras ella. Lo cierto es que Laura tiene una de las casas más bonitas del pueblo-durante el tiempo laboral, sus padres trabajan conjuntamente en una ciudad vecina, como diseñadores de interiores, por lo que siempre saben cómo hacer que su casa, que no es muy grande, se vuelva espaciosa pero bien adornada-.
Subí a la habitación de Laura, que es muy grande, porque, como no tiene hermanos, siempre ha sido un poco "la princesita de la casa". Ella estaba tirada en la cama, fingiendo que llevaba allí horas, pero se notaba que era mentira por la cama, que tenía las sábanas perfectamente lisas.
-¡Oh! Hola-saludó con desgana.
-Oye, Laura, yo... de verdad que lo de ayer iba en serio... tú me importas más que Javier, y espero que no pienses que soy lo suficentemente mala amiga como para ir por ahí ligando con los novios de mis amigas, porque no es así. Si no quieres, no hace falta que me hables, ni nada de eso, pero me da rabia que pienses que soy capaz de hacerte una burrada así-solté de un tirón, casi sin respirar. Después, al no recibir respuesta de Laura, me di la vuelta y me fui.
-Espera...
Volví a girarme hacia Laura, y descubrí, para mi alivio, que sonreía.
-No estoy enfadada contigo, pero es que ayer... Javier se puso en un plan muy callado, justo después de que hablásemos de ello, y me desahogué contigo. Lo siento.
Yo también sonreí, y con eso fue suficiente.
-¿Vamos a hacer algo?-propuse, como si nunca hubiera habido enfados entre nosotras.
-No puedo... mi madre está redecorando la casa y he de ayudarla-reconoció, casi con vergüenza.
-Eh, no pasa nada-dije-ya me enseñarás la casa cuando esté terminada.
Nos despedimos y me fui.
Ahora ya sólo tenía un problema que resolver, y quería resolverlo en aquel momento; fui a buscar a Javier para que me explicara qué demonios había significado aquella escenita de la playa y luego la del restaurante.

lunes, 2 de agosto de 2010

Episodio 16: cena con Laura

Pasaron dos días tras aquella conversación con Javier, en los cuales estuve con mi familia, que había agarrado la "vena excursionista" y pasaba todo el día por los montes, los campos y las olas del mar. La cala estaba situada en un punto estratégico, entre el pueblo y la montaña, por lo que cuando hacíamos excursiones por las montañas que rodeaban la parte este del pueblo, podíamos ver, desde lo alto, el oleaje y el color azul del mar, que salpicaba la arena dorada con miles de gotitas color aguamarina, y empapaba las rocas con su fuerza devastadora.
Sin embargo, al tercer día de esa agradable rutina familiar, me llamó Laura, para reprocharme mi ausencia, según ella eterna.
-Tenemos que quedar cuanto antes-dijo.
-Vale... ¿qué tal esta noche?-pregunté.
-Muy bien, vamos a Mario's a cenar, ¿vale?
-Antes de decir que sí, una pregunta... ¿piensas traerte a tu novio?
-No... salida de chicas-aclaró intentando un tono bromista. Pero intuí que algo pasaba entre ellos dos, algo no muy bueno.
-Bueno, pues te pasas por mi casa a las nueve.
-Vale, hasta las nueve.
-Hasta ahora...
Nos despedimos y fui a decírselo a mis padres-y ya de paso, a sacarles algo de dinero, porque yo no es que ahorre mucho, la verdad-.

Hacia las nueve, Laura pasó a buscarme.
-¡Hola!-dijo.
-Hola. ¿Qué tal todo?-se me estaba pegando la muletilla de Javier.
-Bien... bueno, más o menos.
-¿Por qué?
-Pues... es Javier. Sigue tan raro como antes. Unos besos y luego ni siquiera me llama.
-No creo que tengas que preocuparte porque no te llame. Es un chico, tiene su vida, y no te ofendas, pero tiene más amigos y más compromisos aparte de ti...
-Lo sé, lo sé-resopló Laura-pero no sé si yo quiero seguir con él. Es demasiado... raro para mí. Siendo amigos eso no importaba, pero ahora me gustaría que me contase más cosas, y no lo hace nunca. Creo que voy a romper con él.
-¿No deberías hablar primero de lo que te pasa?-pregunté, sorprendida.
-Sí, es verdad, pero me da algo de corte decírselo así. En fin, voy a llamarle y a ver qué tal.
Casi me caigo al suelo del susto. Cuando le dije que hablase con él, me refería en persona y a solas, no por teléfono y menos conmigo delante-si supiera lo que había pasado en la playa, seguramente se lo pensaría-. Pero no podía contárselo, y además ya estaba llamando.
-Hola, ¿Javier? Soy Laura. Tenía que hablar contigo sobre una cosa... sí, claro. ¿En serio? Qué chulo. Pero quería decirte que...-Laura intentaba establecer conversación con el chico, pero estaba claro, según lo que oía, que él prefería hablar de otras cosas.
-Me voy al baño-murmuré, ya que habíamos llegado a Mario's. No tenía nada que hacer en el baño, pero prefería no escuchar la conversación de mi amiga con Javier. Cuando volví, al cabo de unos minutos, Laura ya había terminado de hablar, como esperaba. Le pregunté qué tal.
-Me ha dicho que no me puede contar tantas cosas como le gustaría, que son cosa de su familia, no de él. Aunque nunca me había ni nombrado a su familia, así que eso ya es algo-vi que casi resplandecía de contento. Desde luego, aunque mi amiga era muy simpática, se conformaba con poco. Si Javier me hubiera dicho eso a mí, le habría tirado de la lengua todo lo posible... aunque no después del "incidente".
-Oh, por cierto-me dijo, algo incómoda-va a venir a cenar.