Hola, soy Paula Martín. Hace un tiempo viví una entrañable historia de amor, que he querido compartir con todos los internautas que se pasen por aquí. Viajad con vuestra imaginación a las playas, los campos, las casas de piedra y el sol de verano...
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martes, 24 de agosto de 2010

Episodio 22: una noticia sorprendente

Nadie me preparó para la noticia que me esperaba dos días después, cuando ni siquiera se habían extinguido de mi mente los restos de furia hacia Blanca, o los sentimientos cruzados en mi corazón, sobre ese chico del cual ni siquiera quería pronunciar el nombre...
Laura vino a mi casa; llamó lentamente a la puerta, por lo que creí que no sería ella, que solía llamar con energía y rapidez, tan alegre como ella misma. Y sin embargo, era ella, aunque muy cambiada.
-Es... Javier-me explicó, con los ojos algo hinchados y enrojecidos. No parecía ser capaz de pronunciar nada más, pero me la llevé a mi habitación para que mis padres no la vieran e hicieran preguntas incómodas (en realidad, tenía más miedo de que me incomodasen a mí que a ella, porque no sabría exactamente explicar que Javier había roto con ella).
-¿Qué ha pasado?-le pregunté una vez estuvimos arriba, aunque sabía perfectamente la respuesta.
-Ayer vi a Javier y... bueno, había quedado conmigo para salir por ahí, y...-Laura apenas podía balbucear sus explicaciones. Aunque yo moría por saber qué había ocurrido, y a la vez no quería oír nada de ello, no la presioné.
-El caso es que... me habló de ti... que sois buenos amigos...-siguió tartamudeando.
Me sentí fatal. ¿Le había dicho que quería salir conmigo? Eso era lo peor que podía hacernos a ambas. Porque yo era la mejor amiga de Laura y porque ni siquiera me había preguntado nada a mí antes de romper con Laura. ¿Y si yo no quería salir con él? Y aunque quisiera-algo de lo que no estaba segura-no podría, no podría hacerle esa faena a mi amiga, que seguramente venía a pedirme que no saliera con él. Aunque... ¿y si quería? ¿Podía detenerme Laura? "No pienses en ello" me dije. Javier era un chulo, como había pensado, por decirle eso a Laura.
-El caso es que me enfadé, porque debería estar pensando en mí, y no en ti. No te ofendas, pero es la verdad-siguió ella.
-Tienes razón-dije, convencida.
-Así que le dije que estaba harta de que... hablara de ti-me miró de reojo para ver si me había enfadado-y... rompí con él.
-¿CÓMO?-salté yo. Mis esquemas se habían roto. Javier no era el chulo que suponía. Y... no le había dicho que quería salir conmigo, algo de lo que yo casi estaba segura. Abandoné mis fantasías con sorpresa y cierta desilusión.
-Sí... me doy cuenta de que somos... diferentes. Yo necesito a alguien que me escuche, que sea fácil de comprender. Él es... muy misterioso para mí. No me va.
-Entonces... ¿no estás enfadada conmigo porque hablara... de mí?-pregunté.
-¡No!-exclamó-puedes salir con él si quieres.
-Entonces... ¿a qué tanto llanto?
-Es que después de salir con él, bueno... no soy de piedra, aún le quiero. No hace ni dos horas que hemos roto, ¿qué esperabas? Pero sé que con el tiempo se pasará... al menos, eso espero.
-Por cierto, ¿qué te hace pensar que saldría con él?-pregunté, extrañada y atemorizada al mismo tiempo, mientras bajábamos las escaleras hasta llegar al porche de casa.
-Pues no sé; está claro que a él le gustas-dijo, antes de irse. En su voz había mucha picardía, pero también tristeza y envidia.
Mis sentimientos comenzaban a desenredarse, pero aquella envidia de Laura les impedía seguir.

martes, 27 de julio de 2010

Episodio 11: ¿Javier me defiende?

Después de la lluvia de cohetes quise irme a casa. Estaba aliviada; parecía que nadie se había enterado del ruido ni del jaleo. ¡Y yo pensando que estaba prohibido! Seré tonta... seguro que estos chicos ya han hecho lo mismo muchas veces antes y les han dejado...
Me despido de todos mis nuevos amigos y me marcho para casa. Estaba ya lejos de la playa cuando noté que me faltaba algo: "¡la bolsa!" Me había dejado la bolsa que había llevado aquella noche. Bajé a buscarla rápidamente, era posible que ya no hubiera nadie en la playa, tal vez se habían ido una vez terminados los cohetes, o seguían allí... esperaba que se hubieran ido, porque siempre me gusta contemplar la cala de noche.
Cuando llegué y bajé entre las rocas, mi corazón dio un vuelco; un coche de policía. Estaba aparcado en la playa, y un par de oficiales hablaban con mis amigos. Sostenían algo en la mano; parecían los cohetes que habían sobrado. Fui hacia ellos, de todas formas los polis ya me habían visto, así que no tenía nada que perder.
-¿Tienes algo que ver con esto, jovencita?-me preguntó uno de los policías en cuanto me acerqué lo suficiente. Laura me miraba asustada, y yo iba a asentir y a suplicar piedad cuando salió Javier de entre sus amigos:
-Ella no estaba enterada de esto, es la primera vez que viene por aquí y no sabía que fuera algo prohibido. No se lo diga a sus padres, sólo está de vacaciones.
-Hum... ¿cómo te llamas?-me preguntó el tipo que me había llamado "jovencita", algo que me parece anticuado y patético.
-Paula Martín... señor-contuve un impulso de devolverle el "jovencito" a él, porque no parecía demasiado mayor. Como máximo tendría veinte años.
-La nieta de María José Martín-murmuró-creo que no deberíamos dar a tu abuela un disgusto con esto, ¿eh? Pero que no se repita.
-Por supuesto-contesté, y añadí en un momento heroico-vamos, Laura.
-¿Laura?-dijo el policía.
-Sí, es que... se queda hoy a dormir a mi casa. En realidad, yo la he arrastrado hasta aquí diciéndole que no haríamos nada malo, así que ella no tiene la culpa.
-Entonces, podéis iros-respondió el poli mayor a regañadientes.
La cogí de la mano y la arrastré conmigo.
-¿Por qué has hecho eso?-me preguntó, sorprendida.
-Porque se te notaba que tú no querías tirar ningún cohete, así que yo tengo tan poca culpa de esto como tú. Agradécemelo y punto.
-Vale... gracias. Oye, ¿conocías a Javier antes de este verano?
-No, ¿por qué?
-Pues porque...-dijo Laura, sorprendida y algo celosa-él nunca ha defendido a nadie, a no ser que fuera un gran amigo suyo, y a veces ni siquiera a ellos. Es extraño que te haya ayudado a ti y no a mí, ¿no crees?
-¿No estarás celosa?-pregunté, comprendiendo-eh, tú tranquila. A mí Javier no me interesa para nada, en serio. Ni siquiera como amigo, imagínate.
-Ah, vale. Pensaba que con todo este rollo de la pandilla...
-No, hombre, no. No soy de las que van ligando con los novios de sus amigas, y además, acabáis de resolver el enfado en la playa, ¿no?
-No del todo, sólo hemos hablado un poco, pero ahora ya no hay tanta tensión. Tienes razón, Javier no me va a dejar, seguro.
Ambas llegamos a mi casa, y sin contarles nada del incidente a mis padres, sólo que Laura se quedaba a dormir aquella noche, nos fuimos a la cama.

domingo, 25 de julio de 2010

Octavo episodio: reacción extraña

Pensé que Javier se enfadaría sin remedio por la contestación, que me llamaría de todo y que el resto de sus amigos, burlándose de mí, me echarían de la pandilla. Sobretodo su novia, la única que me había inspirado alguna confianza.
Sin embargo, Javier sólo se quedó mirándome con asombro, quizá porque no estaba acostumbrado a que nadie le plantase cara. Tras unos segundos, en los que me mantuve en el aire con respecto a mi entrada en la panda, aunque mi convicción de que me echarían casi rayaba en la total seguridad, dijo:
-Eres... rara, ¿lo sabías?
Y yo, que parecía dispuesta a enfadarle, repliqué:
-Entonces nos parecemos bastante.
Él simplemente se rió y me dio la bienvenida a la pandilla. Yo había querido ir a la otra pandilla, para no encontrarme con él y su estupidez, pero era demasiado tarde para echarse atrás. La novia de Javier, aunque al principio se quedó en silencio por mi forma de hablarle a su novio, ahora volvía a dirigirme la palabra, pues parecía evidente que el chico no se había enfadado por ello.
-Aquí lo pasarás mucho mejor que con esas dos pijas-me dijo-espero que te dejen salir por la noche; al fin y al cabo, estás en un pueblo. ¿Hasta qué hora puedes salir?
-Hasta las doce-respondí, segura de que mi madre me dejaría quedarme hasta esa hora.
-Es menos de lo que esperaba, pero te da tiempo de todo. Esta noche vamos a tirar cohetes en la playa, ¿quieres venir?
-¿No es peligroso?-pregunté.
-No, si tienes cuidado.
Asentí con la cabeza, a pesar de que no estaba demasiado convencida. Aquella noche tenía que ir con ellos, no quería quedar como una "colgada". Así que, pasara lo que pasara, estaba decidida a acudir. Si no fuera por ese par de chicos idiotas que no paraban de hacer bromas y de mirar a las chicas con expresiones extrañas...