Hola, soy Paula Martín. Hace un tiempo viví una entrañable historia de amor, que he querido compartir con todos los internautas que se pasen por aquí. Viajad con vuestra imaginación a las playas, los campos, las casas de piedra y el sol de verano...

lunes, 30 de agosto de 2010

Episodio 25: ¿qué he de hacer?

Al día siguiente, volví a salir. Quería verle, y sabía que sólo salía por eso, aunque intentase convencerme de que únicamente quería charlar un ratito con Laura, tal como le dije a mi madre que haría, aunque, por su modo de mirarme, intuí que sabía el por qué de mis ganas de salir.
Caminé unos minutos por el camino empedrado y bordeado de rosas. Sin darme cuenta, el pueblo estaba comenzando a parecerme más bonito; no sabía si era porque tenía amigos allí o porque me estaba haciendo mayor y ya no me importaba tanto ceñirme a mi versión horrible del pueblo.
-¡Eh, Paula!-gritó una voz. Me volví. Era él.
-¿Qué tal?-saludé. Me di cuenta de lo mucho que me gustaba que dijera mi nombre.
Él se acercó con una sonrisa, y me preguntó adónde iba.
-Iba a ver a Laura.
-¡Ah!-soltó Javier, con expresión culpable. Me pareció que no quería verla, como era lógico justo después de romper. Sin embargo, en cuanto me despedí de él para ir a buscarla, dijo:
-¡Espera! Te acompaño.
Caminamos juntos hacia la plaza, como el día anterior habíamos caminado hacia la playa. Me gustaba saber que estaba a mi lado, hablando conmigo sobre cierta asignatura suspendida o cierto deporte que le encantaba. Aunque estaba sumergida en mis pensamientos, pude mantener una conversación con él, que me sirvió para conocer otros aspectos de su vida en el pueblo-que a mí se me antojaba, para cualquier adolescente, aburrida y sin gracia-. Descubrí que no era tan terrible vivir ahí, que también se montaban sus fiestas y, en cuanto necesitaban algo que allí no podían conseguir, siempre había un hermano mayor, un padre simpático o un abuelo "marchoso" dispuesto a llevarles a todos a la ciudad más cercana-ésa era la ventaja de que todos se conocieran allí-.
Llegamos sin darnos cuenta al callejón que dominaban los amigos de Javier. Laura estaba entre ellos, y abrió mucho los ojos al vernos llegar juntos. Me di cuenta de que tal vez había sido un error que él me acompañara.
-¡Tío! ¿Qué te pasó ayer por la tarde? Habíamos quedado, ¿te acuerdas?-soltó uno de los chicos.
-Perdona, se me... olvidó-se disculpó Javier.
-Vaya, que rápido te echas novia-dijo una voz al fondo. Blanca salió de entre dos chicos que la miraban con admiración, acompañada de Paloma.
-¿Qué haces aquí?-suspiró él.
-Me he pasado para charlar un rato con tus... amigos. Aunque también me gustaría hablar contigo. A solas.
-Lo siento, estoy ocupado-dijo Javier.
-¿Con ella?-preguntó Blanca.
-No, con todos.
Miré a Laura, que seguía mirándome con expresión indiferente, que no disimulaba del todo su pizca de celos. La saludé con la mano y ella me respondió con una sonrisa de plástico.
-Oye, si nos dejas en paz, sería perfecto-le dije yo a Blanca.
-Perdona, no quiero robarte tiempo con tu chico-replicó, marchándose.
¿Es que siempre tenía que aparecer en los mejores momentos para estropearlos? ¿Por qué no seguía haciendo de muñequita de sus padres y nos dejaba en paz? Y Laura, ¿realmente había apartado su mente de Javier? Yo sabía que tenía que dar un paso, decirle a Javier que dejase de andar conmigo o seguir con él... ahora sabía bien lo que quería. Pero no lo que tenía que hacer.

sábado, 28 de agosto de 2010

Premio al blog más feliz, "Sonrisas de felicidad"


Este es el último premio, al menos el de este mes. Es para Maria Bel por el blog más feliz que he visitado, Sonrisas de Felicidad. Un blog que te anima y te enseña otro mundo...
¡Felicidades Maria Bel!

www.somriuresdefelicitat.blogspot.com

Premio a Miss Cullen por su blog Sueños De Arena


Este premio es para Miss Cullen, por su interesante blog "Sueños de Arena", una historia emocionante, además de la constancia de la autora, que siempre escribe capítulos nuevos.
¡Felicidades Miss Cullen!!!

www.misscullen-dreamsofsand.blogspot.com

Premio a Marta, una historia realista


Este es el primer premio que doy, y se lo doy a Marta, porque me ha parecido la historia de amor más realista que he leído-y la que más engancha-.
Felicidades Marta!!!!
http://enganchateamarta.blogspot.com

Episodio 24: un paseo por la playa

Salimos de Misa a las doce en punto. Me quedé fuera y le dije a mi abuela que podía ir volviendo a casa, porque yo iba a hablar con un amigo.
Esperé sola a Javier, que tardó bastante en salir de la iglesia. Aquello me sorprendió, ya que la Misa había acabado hacía por lo menos un cuarto de hora. Unos cuantos amigos de mis abuelos y algunos chicos del pueblo me vieron y se quedaron charlando allí conmigo, pero al final me quedé yo sola en la placita enfrente de la iglesia.
Cuando ya pensaba que a lo mejor él se había marchado por otro lugar, o se había quedado dentro con el sacerdote, ayudándole a recoger, y me iba a marchar, salió.
-¡Paula!-me llamó. Me di la vuelta y le vi ahí, sonriente, muy distinto de como le había visto momentos antes.
-Hola, te estaba esperando-le dije. Nos pusimos a caminar lentamente en dirección a la playa.
-¿Para qué me esperabas?-me preguntó mientras andábamos.
-Bueno, yo me he enterado de lo de Laura, y quería saber qué tal estabas... ya sabes, después de lo que hablamos, además, el otro día...
-Sí, y supongo que te enteraste de la bromita de Blanca.
-Ya... tuve una "conversación" con ella cuando Laura me lo contó.
Javier se paró. Ya habíamos llegado a la playa. Se sentó en la arena, como aquella vez, hacía unas semanas.
-La verdad es que no me duele mucho romper con Laura. Es una buena amiga, pero nada más-suspiró-mejor dejarlo así. Llevábamos demasiado tiempo con esta tensión. Romper es lo mejor que ha podido hacer.
-Pero entonces-repliqué yo-¿por qué no habías roto ya con ella?
-Porque no quería enfadarme con ella, y hasta hace unos días, estoy seguro de que se hubiera enfadado. ¿Por qué lo preguntas?-me miró con picardía-¿celosa?
-Ya quisieras-sonreí, tumbándome en la arena.
Nos quedamos así, en silencio, pensando cada uno en nuestras cosas, que eran exactamente las mismas. No quería pensar en él, pero era realmente difícil teniéndole a mi lado, mientras los rayos de sol me dañaban los ojos.
-Bueno, yo voy a tener que irme ya-dijo él, levantándose y desperezándose-hasta luego.
-Adiós.
Le observé marcharse, y él se giró un momento para decirme adiós con la mano. Le saqué la lengua y me volví a tumbar.
Cinco minutos después de que se hubiera marchado, noté que había alguien a mi lado. Pensé que habría vuelto, así que abrí los ojos.
-Hola-dijo Blanca, sonriendo maliciosamente-veo que los paseos entre tú y Javier son ya muy frecuentes. A Laura le interesará saberlo...
-No creo que le importe, ahora que ha roto con él-le contesté, haciendo pantalla con una mano sobre mi frente para protegerme del sol. Pude ver perfectamente su expresión de júbilo.
-¿Han roto? Entonces, yo de ti no me acercaría mucho a él. Lo digo porque Laura es realmente celosa con este tema...
-No tanto como tú, eso seguro. Sobretodo si ha sido ella quien ha roto.
Me levanté y me fui. Cuando ya estaba en el límite de la playa, oí a Blanca gritarme:
-¡Eso no cambia nada, cariño! ¡Si no quieres más problemas con Laura, mejor aléjate de Javier!
Aunque Laura me había asegurado que no pasaba nada, las palabras de Blanca me inquietaron. ¿Tendría razón? ¿Y qué debía hacer? ¿Seguir los sentimientos de Laura o los míos propios?

viernes, 27 de agosto de 2010

Episodio 23: ¿vienes a Misa?

-Hola, abuela.
-Buenos días, Paula. ¿Sabes que hoy es domingo?
-Sí... ¿y qué?
-¿Vienes a Misa? Acompaña a tu vieja abuela...
Así comenzó el domingo de aquella semana, tres días después de mi conversación con Laura. Me parecía extraño que hubieran pasado tres días ya, porque había estado a ratos encerrada en la habitación y a ratos con mi familia, sin verla, pero con sus últimas palabras muy presentes en mi cabeza.
-¿A Misa? No sé...
No es sólo porque las veces que voy a Misa me aburro un poco, sino porque ver a la gente cantando y entregando su fe, creyendo por completo en lo que dicen, juntos, como si fueran conocidos de toda la vida, me hace pensar que... me falta algo. Como si ellos tuvieran una cosa que yo no tengo.
Soy cristiana, pero no practicaba. Ni yo ni mi familia, excepto mis abuelos. Me parece cosa de viejos, supongo que porque suelo ir a la Iglesia del pueblo, si voy alguna vez, y en ese pueblo casi ni hay gente joven.
-Bueno, vale...-acepté, pensando que no me haría ningún daño.
Fuimos ella, el abuelo y yo. Entramos justo cuando comenzaba, y nos sentamos en uno de los bancos de atrás. El sacerdote hablaba, cantaba y explicaba. Mi parte favorita es la del Evangelio; como si te estuvieran contando una historia de milagros y proezas. Y, en cierto modo, te cuentan una historia, pero lo mejor es que es real. Aquella vez le tocó a un muerto que Jesús resucitó; yo escuchaba atentamente, cuando vi a alguien que prestaba más atención aún que yo: Javier. Estaba en una de las primeras filas de bancos, observando al sacerdote, aunque en realidad, su mente parecía estar en otra parte. Supuse que pensaría en su madre, en su muerte... y en la vida misma. No sabía ni siquiera que creyera en Dios, pero yo también intentaría buscar un sentido a la muerte, un apoyo, si alguien de mi familia muriese. Y, desde luego, lo primero que habría hecho habría sido cuestionar a Dios, buscar un por qué.
Y allí estaba Javier, que no me veía, ni veía a nadie que estuviera en la iglesia; él sólo veía el rostro de su madre, grande, borroso, frente a él.

martes, 24 de agosto de 2010

Episodio 22: una noticia sorprendente

Nadie me preparó para la noticia que me esperaba dos días después, cuando ni siquiera se habían extinguido de mi mente los restos de furia hacia Blanca, o los sentimientos cruzados en mi corazón, sobre ese chico del cual ni siquiera quería pronunciar el nombre...
Laura vino a mi casa; llamó lentamente a la puerta, por lo que creí que no sería ella, que solía llamar con energía y rapidez, tan alegre como ella misma. Y sin embargo, era ella, aunque muy cambiada.
-Es... Javier-me explicó, con los ojos algo hinchados y enrojecidos. No parecía ser capaz de pronunciar nada más, pero me la llevé a mi habitación para que mis padres no la vieran e hicieran preguntas incómodas (en realidad, tenía más miedo de que me incomodasen a mí que a ella, porque no sabría exactamente explicar que Javier había roto con ella).
-¿Qué ha pasado?-le pregunté una vez estuvimos arriba, aunque sabía perfectamente la respuesta.
-Ayer vi a Javier y... bueno, había quedado conmigo para salir por ahí, y...-Laura apenas podía balbucear sus explicaciones. Aunque yo moría por saber qué había ocurrido, y a la vez no quería oír nada de ello, no la presioné.
-El caso es que... me habló de ti... que sois buenos amigos...-siguió tartamudeando.
Me sentí fatal. ¿Le había dicho que quería salir conmigo? Eso era lo peor que podía hacernos a ambas. Porque yo era la mejor amiga de Laura y porque ni siquiera me había preguntado nada a mí antes de romper con Laura. ¿Y si yo no quería salir con él? Y aunque quisiera-algo de lo que no estaba segura-no podría, no podría hacerle esa faena a mi amiga, que seguramente venía a pedirme que no saliera con él. Aunque... ¿y si quería? ¿Podía detenerme Laura? "No pienses en ello" me dije. Javier era un chulo, como había pensado, por decirle eso a Laura.
-El caso es que me enfadé, porque debería estar pensando en mí, y no en ti. No te ofendas, pero es la verdad-siguió ella.
-Tienes razón-dije, convencida.
-Así que le dije que estaba harta de que... hablara de ti-me miró de reojo para ver si me había enfadado-y... rompí con él.
-¿CÓMO?-salté yo. Mis esquemas se habían roto. Javier no era el chulo que suponía. Y... no le había dicho que quería salir conmigo, algo de lo que yo casi estaba segura. Abandoné mis fantasías con sorpresa y cierta desilusión.
-Sí... me doy cuenta de que somos... diferentes. Yo necesito a alguien que me escuche, que sea fácil de comprender. Él es... muy misterioso para mí. No me va.
-Entonces... ¿no estás enfadada conmigo porque hablara... de mí?-pregunté.
-¡No!-exclamó-puedes salir con él si quieres.
-Entonces... ¿a qué tanto llanto?
-Es que después de salir con él, bueno... no soy de piedra, aún le quiero. No hace ni dos horas que hemos roto, ¿qué esperabas? Pero sé que con el tiempo se pasará... al menos, eso espero.
-Por cierto, ¿qué te hace pensar que saldría con él?-pregunté, extrañada y atemorizada al mismo tiempo, mientras bajábamos las escaleras hasta llegar al porche de casa.
-Pues no sé; está claro que a él le gustas-dijo, antes de irse. En su voz había mucha picardía, pero también tristeza y envidia.
Mis sentimientos comenzaban a desenredarse, pero aquella envidia de Laura les impedía seguir.

lunes, 23 de agosto de 2010

Holaaa

Hola a tod@s!!! Siento muchisimo no haber escrito, pero es que estaba en un pueblo donde solo hay ordenador en la biblioteca, y no he tenido tiempo ni ganas de ir.
Ahora volveré a escribir como antes-vamos, si consigo que mi padre me deje el ordenador, sino esperaré a que me compren el nuevo-. He visto todos vuestros comentarios y solicitudes de amistad, y doy gracias a los nuevos seguidores por pasarse por aquí. Espero que os guste la historia. También por los comentarios que habéis dejado-Marta, no te preocupes x lo de actualizar, yo también te lo pido jaja-.
Hoy no puedo pasarme por ninguno de vuestros blogs, ni seguir a mis nuevos seguidores ni dejar comentarios, y mañana estoy fuera así que no estoy segura de que pueda, pero en cuanto pueda escribiré, comentaré, leeré blogs, etc.
¡Qué cansado esto de ser bloguera! Jajajajaja.
Por cierto, me gustaría que os pasarais por mi otro blog, http://paulamartin.lacoctelera.net es de otra pagina de blogs pero creo que os gustará tanto como este-aunque no sea una blog novela-.
Besos!!!

miércoles, 11 de agosto de 2010

Episodio 21: pelea

En cuanto se hizo de día, fui a ver a Blanca a su casa. Allí me dijeron que estaba jugando con "sus amiguitas" en la plaza. Así que me dirigí hacia la plaza para verla y mantener una "tranquila conversación" con ella.
Como las otras veces que la había visto por el pueblo, iba con la ropa que creía típica en la pandilla de Javier y en su novia, Laura.
-¿Qué pasa contigo?-le grité desde la otra punta de la plaza-es increíble que sólo vivas para fastidiar a los demás.
Ella se me acercó con pose indiferente, pero en sus ojos pude ver que estaba sorprendida con mi reacción, incluso algo temerosa de lo que pudiera hacerle.
-No sé qué habrás oído sobre mí, pero no me dedico a pensar en cómo fastidiarte, así que déjame en paz-replicó ella, más chula que un ocho.
-¿Ah,sí? ¿Y por qué vas contándole tonterías a Laura?
--Sólo le dije que su novio estaba con otra chica. Pensé que le gustaría saberlo-respondió ella con cara inocente.
-Él tenía que explicarme una cosa importante... si lo supieras lo entenderías-dije. -Bueno, si es tan importante seguro que Laura también lo sabe... ¿o no? ¿No debería contárselo todo a su novia?-preguntó.Quería parecer irónica, pero supe que buscaba más información para contarle a Laura.
-Sí, en realidad ella también lo sabe, pero se ha enfadado conmigo al principio-mentí.
-Nunca se te dio bien mentir-suspiró ella-no me lo trago.
Entonces yo (que siempre he tenido un carácter un poco ) me lancé sobre ella y la tiré al suelo.
-¿Qué haces? ¡Suelta!-exclamó ella.
Yo me levanté jadeando y me di cuenta de lo que acababa de hacer.
-Oye... perdona-me disculpé sinceramente, porque no había pensado hacerle daño-pero no quiero que vuelvas a hablarle sobre mí o Javier a Laura, ¿entendido?
-Va.. vale-asintió ella con miedo. Sin embargo, en cuanto me giré recuperó el valor y gritó:
-Para que lo sepas... ¡soy yo quien le gusta!
-A mí no me gusta-dije como de pasada, aunque por dentro no dejaba de preguntármelo.
-Ya, claro-respondió-se te nota cuando hablas de él.
Yo seguí andando... Blanca no podía saber el daño que acababa de hacerles a mis pensamientos con aquella afirmación, que en realidad me planteaba muy a menudo... quizá demasiado.



domingo, 8 de agosto de 2010

Episodio 20: Blanca ataca de nuevo

Tras mi conversación con Javier-después de la cual estuvimos un rato paseando en silencio y charlando sobre cosas superficiales, porque ya habíamos dicho todo lo importante por aquel día-, me fui a casa. Quería contárselo todo a mis padres, porque toda la tristeza de aquel descubrimiento era demasiado grande como para guardarla dentro de mí, pero no sabía si a Javier le gustaría eso. Sin embargo, he aprendido que hay que confiar antes de todo en la familia, así que decidí contárselo si me daban su promesa de no hablar de ello con nadie-y estaba segura de que la cumplirían; al fin y al cabo, mis padres no son unos cotillas-.
Ellos me dijeron que tal vez Dios lo había querido así-ellos me hablan a menudo de Dios, por lo que estaba segura de que no era una mera expresión-.
-Mira, Paula-me dijo mi madre-a todos nos llega la muerte alguna vez, y tenemos que aprender a superarlo. Ahora, lo que necesita ese chico es tu compañía; si te lo ha contado, no es para que lo ignores sin más. Es para que lo apoyes.
Yo asentí y después me fui a mi habitación, para pensar un rato en lo que me habían dicho mis padres. "Tienen razón" fue lo primero que se me vino a la cabeza, lo cual es extraño, porque normalmente suelo pensar que yo siempre tengo la razón. Supongo que, como esta vez nuestras ideas coincidían bastante, pude concederles la razón a ellos-que en realidad, siempre acaban demostrando que la tienen-.
Llamé a Laura; no quería contarle nada del secreto de Javier-aunque me parecía un poquito raro que me lo contara a mí y no a su novia, y casi tenía decidido pedirle que se lo contara también a ella-, pero necesitaba cotillear un rato con alguna amiga.
-Hola-me dijo Laura, en un tono de enfado evidente-¿qué tal estás?
-¿A qué te refieres?-tanteé yo, confusa-¿no te habrás vuelto a enfadar?
-Oh, no-resopló ella-sólo me he enterado de que has pasado la tarde con Javier, pero no estoy enfadada.
-¿Qué? ¿Quién te lo ha dicho?-exclamé, demasiado sorprendida como para encontrar una excusa.
-Blanca.
¡Otra vez aquella pesada! Sabía que no tardaría en atormentarme de nuevo las vacaciones, como cada año. ¡Pero aquello era pasarse! A saber qué le habría dicho a Laura, cómo habría manipulado la historia a su gusto para conseguir lo que quería. Porque estaba claro que con la estratagema deseaba un 2X1: que Laura se enfadara conmigo, rompiera con Javier y él saliera con ella. ¡Qué chica aquella! Siempre pensando en sí misma y en chicos. ¡Hay otras cosas en la vida, guapa! Eso deseaba decirle.
-Se va a enterar-dije.
-¿Por qué, por contarme la verdad?-preguntó Laura-me ha hecho un gran favor.
-Antes de enfadarte más conmigo... que sepas que yo fui quien buscó a Javier, porque teníamos algo pendiente de que hablar.
-¡Ya sabía que él no había ido a buscarte! ¿Qué crees? Además, no sé qué has de hablar con él.
-Es complicado, no puedo decírtelo... por favor, no te enfades-supliqué, sin querer añadir más problemas a mi verano y aún menos queriendo enfadarme con mi mejor amiga del pueblo.
Ella colgó y yo fui a casa de Blanca. Estaba a punto de salir de mi casa cuando me di cuenta de que eran las once de la noche y de que no podía llamar a esa hora a la puerta de su casa, aunque estuviera probablemente fuera de ella.
"Esperaré a mañana..."me dije. Aunque, realmente, no sé qué quería hacer. Porque, con o sin manipulación, salir a solas con el novio de mi amiga era por sí mismo algo que con razón enfadaría a Laura... pero las causas eran justas, ¿no?

miércoles, 4 de agosto de 2010

Episodio 19: una triste sorpresa

Estaba claro que tenía que encontrar a Javier, fuera como fuese, en la playa, con la pandilla o incluso en su casa, aunque no sabía bien dónde estaba. Desde luego, le hubiera preguntado a Laura, y ésta posiblemente hubiera sabido dónde se encontraba el chico, pero no me atrevía a hacerlo por miedo a provocarla otra vez.
Probé primero en el punto de reunión de la pandilla-a los que, por otra parte, hacía un tiempo que no veía-.
-¡Paula! ¿Tú por aquí? ¡Pensamos que te habías vuelto con Blanca y Paloma!-exclamó un chico sonriendo.
-Ya ves que no... es que he estado liada con mi familia estos días-expliqué-¿habéis visto a Javier?
-No-replicaron ellos. A todas las chicas se les veía una expresión curiosa en la cara, y los chicos me observaban burlonamente.
-¿Sigue saliendo con Laura?-preguntó una de las chicas.
-Sí, ¿por qué?
-¡Qué raro...!-exclamaron los chicos, riendo entre ellos.
Yo me despedí y di media vuelta, porque el tono de aquella última exclamación era más que evidente.
Le busqué minuciosamente por el pueblo, decidida a que me diera la explicación prometida; no me iba a quedar sin ella. Al ver que no estaba ni en la playa, ni en el campo, ni con Laura, ni con sus amigos, decidí ir a buscarle a su casa. Sabía a medias dónde se encontraba, y logré llegar sin contratiempos, para mi gran sorpresa.
Llamé al timbre y me abrió un señor de unos cuarenta años, que tenía los ojos y la nariz de Javier, por lo que supuse que sería su padre. Iba vestido con ropa de verano, y su expresión no era precisamente amigable, pero pregunté por el chico.
-Sí, enseguida viene-respondió con una voz suave que no había esperado en él-¡Javier! Tienes visita.
-¿Qué?-se oyó la voz sorprendida de Javier-espera un minuto... ya bajo.
-Hola-saludé tímidamente cuando apareció.
-¿Qué quieres?-preguntó. A pesar de la pregunta, no parecía enfadado, sino más bien muy sorprendido.
-Tenemos que hablar, ¿recuerdas?
-Claro-recordó-bajemos a la playa, ¿quieres?
Asentí y nos fuimos hasta la playa caminando. Tras unos minutos en silencio, decidí tomar las riendas de la conversación y preguntar lo que había ido a preguntar.
-¿Por qué estabas... así el otro día?
-¿Por qué estaba llorando?-tradujo él con una sonrisa irónica-la verdad es que es por algo muy personal que nunca he contado a nadie. Y no sé si contártelo a ti.
-Si es muy personal, es tu decisión... pero dijiste que me lo contarías-le recordé, impulsada por la curiosidad.
Él se quedó callado, como si no hubiera oído mi comentario. Seguimos caminando hacia la playa, aunque yo prefería alargar lo menos posible el paseo, por Laura y por mí misma, porque empezaba a sentir cosas que no quería sentir...
-La verdad-exclamó de pronto-es que me apetece contárselo a alguien. A lo mejor así me lo... saco de dentro.
No dije nada, sabiendo que era mejor dejar tiempo para que hablase él mismo de lo que tuviera que hablar. Sucedió justo como esperaba.
-Bueno... es algo complicado... no, en realidad es muy sencillo. Tiene que ver con mi familia.
-¿No será el mismo rollo de los demás, no? Eso de "mi familia me avergüenza" y cosas por el estilo-soplé, abandonando la delicadeza. Es que estaba harta de ese tema.
-Nooo-dijo-tiene que ver con algo malo, pero me refiero a algo realmente importante-me gustó que lo que sus amigos consideraban importante para él no lo fuera. Tenía más personalidad de la que yo esperaba.
-Entonces, ¿qué es?-pregunté, a punto de reventar de curiosidad.
-Pues... mi madre, hace unos años...-murmuró él-bueno, ella... murió. De un... ataque al corazón.
Me quedé callada. ¿Qué puede decirse en situaciones como esta? Había esperado algo grave, pero no de ese calibre, por supuesto.
-No quiero que te compadezcas de mí ni nada de eso, ¿vale?-me dijo, de mal humor otra vez.
-Oye... no quiero compadecerme de ti, en serio... pero lo siento-respondí con sinceridad. Creo que él captó que no era una simple muletilla para dar el pésame, porque me sonrió de pronto.
-Bueno, la verdad es que no suelo... llorar por esto-explicó, avergonzado-pero es que últimamente mi casa va de mal en peor. Mi padre... apenas nos habla desde que mi madre murió. Me parece que cree que no nos entristece demasiado.
-¿Cómo va a pensar eso?-exclamé, sorprendida.
-Porque somos dos chicos, yo y mi hermano mayor, y no le acompañamos mucho en su dolor cuando mamá murió. La verdad es que ambos nos...
-Os encerrasteis en vosotros mismos, ¿no?-murmuré.
-Algo así. De ahí que él piense eso.
-Pues tu no debes pensarlo-repliqué, aunque temiendo que me dijera que no me metiera en sus asuntos-aunque sólo sé esto desde hace unos minutos, se nota que... la echas de menos.
-No sabes cuánto-suspiró él, mientras continuábamos nuestro camino.
A mí había dejado de parecerme un "chico malo"; ahora sólo me parecía un chico desgraciado, pero que, si quería, y tal vez con ayuda, podía salir adelante.

Episodio 18: paces

Al día siguiente apenas me atreví a salir de casa, pero quería hablar con Laura acerca de nuestra discusión el día anterior; me cambié, me duché y me vestí con unos shorts azul marino y una camisola amarillo claro. Después de terminar de arreglarme, me dirigí a casa de Laura. Intenté avisarla por teléfono, pero no me respondía las llamadas, por lo que lo dejé y decidí presentarme en su casa sin avisar-éstas son las cosas que puedes hacer en según qué sitios, cuando conoces a todo el mundo y todo el mundo te conoce a ti-.
En cuanto llegué, me abrió la puerta su madre, que pareció muy sorprendida de verme allí-aunque quizá eran solo imaginaciones mías, claro-.
-¡Paula!-exclamó-pasa, pasa. Laura está en su habitación... aunque no sé si...-se notaba que estaba mirando a su hija, probablemente situada en un lugar en el que no podía verla.
-Gracias-dije, entrando en la casa tras ella. Lo cierto es que Laura tiene una de las casas más bonitas del pueblo-durante el tiempo laboral, sus padres trabajan conjuntamente en una ciudad vecina, como diseñadores de interiores, por lo que siempre saben cómo hacer que su casa, que no es muy grande, se vuelva espaciosa pero bien adornada-.
Subí a la habitación de Laura, que es muy grande, porque, como no tiene hermanos, siempre ha sido un poco "la princesita de la casa". Ella estaba tirada en la cama, fingiendo que llevaba allí horas, pero se notaba que era mentira por la cama, que tenía las sábanas perfectamente lisas.
-¡Oh! Hola-saludó con desgana.
-Oye, Laura, yo... de verdad que lo de ayer iba en serio... tú me importas más que Javier, y espero que no pienses que soy lo suficentemente mala amiga como para ir por ahí ligando con los novios de mis amigas, porque no es así. Si no quieres, no hace falta que me hables, ni nada de eso, pero me da rabia que pienses que soy capaz de hacerte una burrada así-solté de un tirón, casi sin respirar. Después, al no recibir respuesta de Laura, me di la vuelta y me fui.
-Espera...
Volví a girarme hacia Laura, y descubrí, para mi alivio, que sonreía.
-No estoy enfadada contigo, pero es que ayer... Javier se puso en un plan muy callado, justo después de que hablásemos de ello, y me desahogué contigo. Lo siento.
Yo también sonreí, y con eso fue suficiente.
-¿Vamos a hacer algo?-propuse, como si nunca hubiera habido enfados entre nosotras.
-No puedo... mi madre está redecorando la casa y he de ayudarla-reconoció, casi con vergüenza.
-Eh, no pasa nada-dije-ya me enseñarás la casa cuando esté terminada.
Nos despedimos y me fui.
Ahora ya sólo tenía un problema que resolver, y quería resolverlo en aquel momento; fui a buscar a Javier para que me explicara qué demonios había significado aquella escenita de la playa y luego la del restaurante.

martes, 3 de agosto de 2010

Episodio 17: discusión

En cuanto Javier entró en el restaurante, tuve ganas de esconderme bajo la mesa para no salir, pero no pude. Me reproché una y mil veces el haber aconsejado a Laura que hablara con él, pero, vaya, no pensé que lo tomaría de una forma tan "literal"...
-Hola-saludó. ¿Eran imaginaciones mías, o estaba un poquito colorado?
-Hola-respondimos a dúo Laura y yo, también ruborizadas, aunque por razones muy distintas...
Se sentó y nos quedamos los tres en silencio, sin saber qué decir. Parecía que Javier-como siempre-no quería hablar de relaciones conmigo delante, lo que, por otra parte, me pareció muy razonable, porque yo no era nadie para escuchar sus líos amorosos, y dudaba que Laura le hubiera contado que a mí ya me había explicado sus problemas con él.
-Bueno...-suspiró ella, con la típica incomodidad de quien no sabe qué decir. A mí la mayoría de los silencios nunca se me hacen incómodos, porque suelo tener muchas cosas en la cabeza y entonces pienso en ellas, y aquí pasó lo mismo, pero no pude dejar de observar la incomodidad de mis dos amigos, con lo que acabé por sentirme tan mal como ellos mismos.
-¿Qué van a tomar los señores?-dijo un camarero, con la sonrisa burlona que pone la gente cuando no te toma en serio. Como si él no hubiera ido solo a un restaurante en su adolescencia; aunque claro, sus canas denotaban que esa época ya le quedaba lejos, así que a lo mejor en "sus tiempos" no iban todavía solos de noche, ni en aquel inofensivo pueblecito.
Laura y yo pedimos un plato de pasta y Coca-cola, y Javier se quedó callado. Cuando se dio cuenta de que todos le mirábamos, pareció volver a la realidad y exclamó:
-¡Ah! Para mí lo mismo-seguramente ni siquiera sabía lo que había pedido.
Mientras nos traían los platos, él comenzó a charlar:
-¿Qué tal estos días, Paula? No te he visto mucho, la verdad.
-Ya, es que he estado con mi familia este tiempo.
-¿Y qué habéis hecho?
-Han ido de excursión por aquí cerca-explicó Laura, deseosa de charlar un poco.
-¿Habéis probado a ir hacia la casa de Lolita? Es una chabola que está un poco lejos, pero el paseo es bonito-dijo el chico, sin mirar siquiera a su novia.
-No, por allí no hemos ido-respondí, algo incómoda por la atención.
-Deberíamos ir un día... ¿no, Laura?-le preguntó.
-Un paseo romántico... qué raro en ti, ¿no?-bromeó ella, sonriendo.
-Si quieres puede venir ella también, así no se te hará tan raro-sugirió él con otra sonrisa.
Se notaba que Laura prefería que el plan fuera sólo para ellos dos, pero no quería hacerme daño diciéndolo, o dejarme excluida al principio de la cena. Yo, para ahorrarle el mal paso, decliné la invitación, alegando que ya había andado demasiado esos dos días.
Seguimos hablando un rato, se notaba que él quería decirme algo, pero no delante de Laura. Yo lo sentí por ella y no lo comprendí del todo, ya que él debería confiar en Laura más que en mí, por simple cuestión de amor o ni que fuera por todos los años que llevaban siendo amigos.
-Oye, Paula, tenemos que hablar...-dijo cuando estábamos casi acabando de cenar.
-Lo siento, pero he de irme ya, hablaremos otro día-me excusé, sintiendo la mirada estupefacta de mi amiga en mi nuca.
-Adiós-dijo ella, cortante.
-Ya hablaremos-se despidió él, y se notó que no era una forma de hablar.
Yo me fui precipitadamente; me hubiera gustado que me explicase todo lo referente al "incidente", y el porqué de que estuviera solo en la playa y... llorando, pero tengo sentimientos más fuertes que la curiosidad, como el no fallar a una amiga-aparte de medio colarme en su cita, no podía ponerme a hablar a solas con su novio-.
En cuanto llegué a mi casa la llamé por teléfono:
-¿Qué quieres?-me dijo ella con enfado.
-Oye, no estarás enfadada, ¿verdad?-respondí, a pesar de que era evidente.
-Oh, qué va. Sólo has intentado ligar con Javier, ¿por qué iba a estar enfadada?-ironizó.
-¿Qué? Yo no he intentado ligar con nadie. Por eso me he ido antes, para que hablarais de vuestras cosas, ¿vale? Así que no te pongas borde conmigo, encima que te hago el favor.
-Pues no hemos podido hablar, porque se ha ido dos minutos después de que tú te fueras-replicó ella. Ya no tenía tono enfadado, sino triste.
-Laura, yo... ¿estás segura de que es realmente lo que buscas? Porque si siempre va así vuestra relación...
-Iba genial-respondió ella antes de colgar-hasta que apareciste tú.
Yo arrojé el teléfono sobre la cama y me tumbé en ella de un salto. Pasé de la furia a las lágrimas, y luego, más calmada, me puse a pensar. ¿Podía ser que le gustara a Javier? Todo lo demostraba así. Pero yo no sabía cuáles eran mis sentimientos...

lunes, 2 de agosto de 2010

Episodio 16: cena con Laura

Pasaron dos días tras aquella conversación con Javier, en los cuales estuve con mi familia, que había agarrado la "vena excursionista" y pasaba todo el día por los montes, los campos y las olas del mar. La cala estaba situada en un punto estratégico, entre el pueblo y la montaña, por lo que cuando hacíamos excursiones por las montañas que rodeaban la parte este del pueblo, podíamos ver, desde lo alto, el oleaje y el color azul del mar, que salpicaba la arena dorada con miles de gotitas color aguamarina, y empapaba las rocas con su fuerza devastadora.
Sin embargo, al tercer día de esa agradable rutina familiar, me llamó Laura, para reprocharme mi ausencia, según ella eterna.
-Tenemos que quedar cuanto antes-dijo.
-Vale... ¿qué tal esta noche?-pregunté.
-Muy bien, vamos a Mario's a cenar, ¿vale?
-Antes de decir que sí, una pregunta... ¿piensas traerte a tu novio?
-No... salida de chicas-aclaró intentando un tono bromista. Pero intuí que algo pasaba entre ellos dos, algo no muy bueno.
-Bueno, pues te pasas por mi casa a las nueve.
-Vale, hasta las nueve.
-Hasta ahora...
Nos despedimos y fui a decírselo a mis padres-y ya de paso, a sacarles algo de dinero, porque yo no es que ahorre mucho, la verdad-.

Hacia las nueve, Laura pasó a buscarme.
-¡Hola!-dijo.
-Hola. ¿Qué tal todo?-se me estaba pegando la muletilla de Javier.
-Bien... bueno, más o menos.
-¿Por qué?
-Pues... es Javier. Sigue tan raro como antes. Unos besos y luego ni siquiera me llama.
-No creo que tengas que preocuparte porque no te llame. Es un chico, tiene su vida, y no te ofendas, pero tiene más amigos y más compromisos aparte de ti...
-Lo sé, lo sé-resopló Laura-pero no sé si yo quiero seguir con él. Es demasiado... raro para mí. Siendo amigos eso no importaba, pero ahora me gustaría que me contase más cosas, y no lo hace nunca. Creo que voy a romper con él.
-¿No deberías hablar primero de lo que te pasa?-pregunté, sorprendida.
-Sí, es verdad, pero me da algo de corte decírselo así. En fin, voy a llamarle y a ver qué tal.
Casi me caigo al suelo del susto. Cuando le dije que hablase con él, me refería en persona y a solas, no por teléfono y menos conmigo delante-si supiera lo que había pasado en la playa, seguramente se lo pensaría-. Pero no podía contárselo, y además ya estaba llamando.
-Hola, ¿Javier? Soy Laura. Tenía que hablar contigo sobre una cosa... sí, claro. ¿En serio? Qué chulo. Pero quería decirte que...-Laura intentaba establecer conversación con el chico, pero estaba claro, según lo que oía, que él prefería hablar de otras cosas.
-Me voy al baño-murmuré, ya que habíamos llegado a Mario's. No tenía nada que hacer en el baño, pero prefería no escuchar la conversación de mi amiga con Javier. Cuando volví, al cabo de unos minutos, Laura ya había terminado de hablar, como esperaba. Le pregunté qué tal.
-Me ha dicho que no me puede contar tantas cosas como le gustaría, que son cosa de su familia, no de él. Aunque nunca me había ni nombrado a su familia, así que eso ya es algo-vi que casi resplandecía de contento. Desde luego, aunque mi amiga era muy simpática, se conformaba con poco. Si Javier me hubiera dicho eso a mí, le habría tirado de la lengua todo lo posible... aunque no después del "incidente".
-Oh, por cierto-me dijo, algo incómoda-va a venir a cenar.

domingo, 1 de agosto de 2010

Un paréntesis

Hola a todos, soy Paula, la autora del blog.
He visto que muchos blogs tienen un "botón", y yo hace mucho que desconecté de blogger, ahora tengo este nuevo blog y no sé lo que es, bueno, más o menos sí, pero no sé cómo ponerlo. ¿Alguien podría ponerme un botón? De su blog o de otros, no me importa, mientras tenga un par de botones, ¿ok?
Espero que os esté gustando mi historia, porque yo nunca veo la hora de sentarme a escribirla. Realmente estoy disfrutando mucho escribiendo este blog y conociendo otros, y vuestros comentarios, así como la gente que me sigue, los tengo muy en cuenta.
Gracias a todos los blogueros que pasaron por mi blog-ah, y felicidades atrasadas a todas las Martas, que el 29 de julio fue su santo-.
Un BESAZO!!!
Pauli