Hola, soy Paula Martín. Hace un tiempo viví una entrañable historia de amor, que he querido compartir con todos los internautas que se pasen por aquí. Viajad con vuestra imaginación a las playas, los campos, las casas de piedra y el sol de verano...
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domingo, 12 de septiembre de 2010

Episodio 27: mi madre tiene unas cosas...

A veces mi madre tiene unas cosas... cuando llegué al pueblo, no hacía más que recomendarme que hiciera vida social, que conociera a gente y me divirtiera, y ahora que le he hecho caso, resulta que no le gustan mis nuevos amigos. Y es cierto que algunos de ellos no son exactamente los chicos con los que suelo ir en invierno, pero tampoco es que pase mucho tiempo con ellos... la verdad, mi círculo de amistades se reduce, resumiendo, a Laura, a Javier y a Sandra, una chica que da la impresión de ser algo estúpida pero que llega a ser muy profunda cuando la conoces, y que es la mejor amiga de Laura en el pueblo. Admito que a veces me da algo de envidia verlas a las dos recordando cosas del colegio, justo como yo querría hacer con mis amigas, pero no puedo, porque están a unos cuantos kilómetros de distancia, o disfrutando de las playas de menorca en sus enormes y lujosas casa de veraneo. Sin embargo, no me importaba tanto como creía, porque siempre hacían esfuerzos para incluirme en la conversación cuando no sabía de qué hablaban, un esfuerzo que podía apreciar.
Sin embargo, me estoy desviando: hablaba de mi madre... el caso es que, un día, tuvo una conversación conmigo:
-¿No crees que tus amigos son algo... liberales?
-No sé a qué te refieres-lo sabía perfectamente.
-Me parece que no hacen sólo lo que está permitido, ya sabes.
-Tengo amigos por una vez, y no te gustan-protesté-. Mamá, los que hacen eso son sólo dos o tres, no todos nosotros. Yo casi nunca voy con la pandilla, ya lo sabes.
-Pero ese chico, Javier, no parece muy bueno para ti...-lo dijo como si tuviéramos perspectivas de matrimonio.
-¡Por favor! Es el único chico normal de todo el grupo, te lo aseguro. Además, si supieras por lo que ha pasado... de verdad, no iría con él si estuviera segura de que no te iba a gustar.
-Bueno, está bien... pero que sepas que he invitado a Blanca a pasar el día aquí hoy contigo-anunció mi madre-es una buena chica, te irá bien cambiar de aires.
Su cara culpable revelaba que sabía desde el principio que la visita no me iba a gustar.
-¡Mamá!-exclamé.
-Hija, esos chicos no son como ella ni como nosotros, es mejor ir variando...
-Mamá, si lo único que hace Blanca es escaparse de su casa para ir a ver a Javier-expliqué-no es tan perfecta como tú crees, de verdad.
Se oyó la campanilla de la puerta de entrada-mis abuelos están chapados a la antigua, y nunca han querido poner un timbre en su puerta; dicen que la campanilla es más suave y más romántica-.
-Debe de ser ella, ve a abrir-ordenó mi madre con una sonrisa-y por favor... no hagas tonterías.
Refunfuñando, abrí la puerta. Allí estaba ella, con un vestido estampado de flores, un lazo en el pelo y la mejor y más falsa de sus sonrisas. "Hipócrita" pensé.
-Hola...
-¡Paula!-saludó ella como el primer día, estampándome un beso en la mejilla-me alegro mucho de verte. ¿Vamos a tu habitación?
-Vale-asentí de mala gana.
Subimos y, en el trayecto, me prometí hacer lo posible por pasármelo bien, para que mi madre no se enfadase y hacerlo todo mucho más agradable.
-Bueno, hemos de hablar-comenzó en cuanto se cerró la puerta de mi habitación, abandonando su pose de niña buena-¿sales con Javier?
-Eso a ti no te importa-respondí de mala manera, sin querer.
-En realidad, sí-dijo ella-ya te lo advertí; él no es para ti... vivís a dos horas de distancia el uno del otro.
-Aun así, no es asunto tuyo lo que haga o deje de hacer-insistí, sentándome sobre mi cama.
-Mira, guapa... no quiero hacerte daño, pero no es que Javier tenga la mejor opinión de ti, según dicen. Me explicaré; él se da cuenta de que vas detrás suyo como un perrito faldero. Realmente, le pareces patética.
"Suerte que no querías hacerme daño" pensé. Y es que estaba dolida. ¿En serio Javier pensaba eso de mí? ¿Es que no podíamos ser amigos y punto? Realmente, ese pueblo era de locos...
De pronto, sonaron unos golpecitos en la puerta, y Laura apareció en la habitación. Mirando enfadada a Blanca, dijo:
-Pasaba por aquí y he venido justo a tiempo... para decirle a Paula que lo que Blanca está diciendo es, en realidad, lo que piensa de ella Javier.
-No te metas, tú no le importas-respondió Blanca.
-Oíd, ¿no podemos jugar a cartas y olvidarnos de Javier por un rato, por favor?-supliqué. No necesitaba pensar más en él, y menos en aquella especie de culebrón que Blanca estaba empeñada en protagonizar.
Saqué una baraja de cartas del cajón y repartí. Jugamos un rato, pero enseguida se presentó mi madre:
-Ha venido a verte Javier, Paula. ¡Ah! Hola, Laura, no sabía que estuvieras aquí.
Javier entró en la habitación sonriendo. De pronto, al tropezar con la mirada de Blanca, soltó una exclamación.
-Eh... ¿qué haces aquí?-fue lo único que acertó a decir.
-Charlaba con Paula... ¿vas a quedarte mucho rato?-preguntó Blanca con mirada obsesiva.
-No lo sé-respondió Javier.
Me miró con reproche y me encogí de hombros en un gesto de impotencia; no tenía ni idea de cómo iba a terminar todo aquello.

sábado, 28 de agosto de 2010

Episodio 24: un paseo por la playa

Salimos de Misa a las doce en punto. Me quedé fuera y le dije a mi abuela que podía ir volviendo a casa, porque yo iba a hablar con un amigo.
Esperé sola a Javier, que tardó bastante en salir de la iglesia. Aquello me sorprendió, ya que la Misa había acabado hacía por lo menos un cuarto de hora. Unos cuantos amigos de mis abuelos y algunos chicos del pueblo me vieron y se quedaron charlando allí conmigo, pero al final me quedé yo sola en la placita enfrente de la iglesia.
Cuando ya pensaba que a lo mejor él se había marchado por otro lugar, o se había quedado dentro con el sacerdote, ayudándole a recoger, y me iba a marchar, salió.
-¡Paula!-me llamó. Me di la vuelta y le vi ahí, sonriente, muy distinto de como le había visto momentos antes.
-Hola, te estaba esperando-le dije. Nos pusimos a caminar lentamente en dirección a la playa.
-¿Para qué me esperabas?-me preguntó mientras andábamos.
-Bueno, yo me he enterado de lo de Laura, y quería saber qué tal estabas... ya sabes, después de lo que hablamos, además, el otro día...
-Sí, y supongo que te enteraste de la bromita de Blanca.
-Ya... tuve una "conversación" con ella cuando Laura me lo contó.
Javier se paró. Ya habíamos llegado a la playa. Se sentó en la arena, como aquella vez, hacía unas semanas.
-La verdad es que no me duele mucho romper con Laura. Es una buena amiga, pero nada más-suspiró-mejor dejarlo así. Llevábamos demasiado tiempo con esta tensión. Romper es lo mejor que ha podido hacer.
-Pero entonces-repliqué yo-¿por qué no habías roto ya con ella?
-Porque no quería enfadarme con ella, y hasta hace unos días, estoy seguro de que se hubiera enfadado. ¿Por qué lo preguntas?-me miró con picardía-¿celosa?
-Ya quisieras-sonreí, tumbándome en la arena.
Nos quedamos así, en silencio, pensando cada uno en nuestras cosas, que eran exactamente las mismas. No quería pensar en él, pero era realmente difícil teniéndole a mi lado, mientras los rayos de sol me dañaban los ojos.
-Bueno, yo voy a tener que irme ya-dijo él, levantándose y desperezándose-hasta luego.
-Adiós.
Le observé marcharse, y él se giró un momento para decirme adiós con la mano. Le saqué la lengua y me volví a tumbar.
Cinco minutos después de que se hubiera marchado, noté que había alguien a mi lado. Pensé que habría vuelto, así que abrí los ojos.
-Hola-dijo Blanca, sonriendo maliciosamente-veo que los paseos entre tú y Javier son ya muy frecuentes. A Laura le interesará saberlo...
-No creo que le importe, ahora que ha roto con él-le contesté, haciendo pantalla con una mano sobre mi frente para protegerme del sol. Pude ver perfectamente su expresión de júbilo.
-¿Han roto? Entonces, yo de ti no me acercaría mucho a él. Lo digo porque Laura es realmente celosa con este tema...
-No tanto como tú, eso seguro. Sobretodo si ha sido ella quien ha roto.
Me levanté y me fui. Cuando ya estaba en el límite de la playa, oí a Blanca gritarme:
-¡Eso no cambia nada, cariño! ¡Si no quieres más problemas con Laura, mejor aléjate de Javier!
Aunque Laura me había asegurado que no pasaba nada, las palabras de Blanca me inquietaron. ¿Tendría razón? ¿Y qué debía hacer? ¿Seguir los sentimientos de Laura o los míos propios?

martes, 24 de agosto de 2010

Episodio 22: una noticia sorprendente

Nadie me preparó para la noticia que me esperaba dos días después, cuando ni siquiera se habían extinguido de mi mente los restos de furia hacia Blanca, o los sentimientos cruzados en mi corazón, sobre ese chico del cual ni siquiera quería pronunciar el nombre...
Laura vino a mi casa; llamó lentamente a la puerta, por lo que creí que no sería ella, que solía llamar con energía y rapidez, tan alegre como ella misma. Y sin embargo, era ella, aunque muy cambiada.
-Es... Javier-me explicó, con los ojos algo hinchados y enrojecidos. No parecía ser capaz de pronunciar nada más, pero me la llevé a mi habitación para que mis padres no la vieran e hicieran preguntas incómodas (en realidad, tenía más miedo de que me incomodasen a mí que a ella, porque no sabría exactamente explicar que Javier había roto con ella).
-¿Qué ha pasado?-le pregunté una vez estuvimos arriba, aunque sabía perfectamente la respuesta.
-Ayer vi a Javier y... bueno, había quedado conmigo para salir por ahí, y...-Laura apenas podía balbucear sus explicaciones. Aunque yo moría por saber qué había ocurrido, y a la vez no quería oír nada de ello, no la presioné.
-El caso es que... me habló de ti... que sois buenos amigos...-siguió tartamudeando.
Me sentí fatal. ¿Le había dicho que quería salir conmigo? Eso era lo peor que podía hacernos a ambas. Porque yo era la mejor amiga de Laura y porque ni siquiera me había preguntado nada a mí antes de romper con Laura. ¿Y si yo no quería salir con él? Y aunque quisiera-algo de lo que no estaba segura-no podría, no podría hacerle esa faena a mi amiga, que seguramente venía a pedirme que no saliera con él. Aunque... ¿y si quería? ¿Podía detenerme Laura? "No pienses en ello" me dije. Javier era un chulo, como había pensado, por decirle eso a Laura.
-El caso es que me enfadé, porque debería estar pensando en mí, y no en ti. No te ofendas, pero es la verdad-siguió ella.
-Tienes razón-dije, convencida.
-Así que le dije que estaba harta de que... hablara de ti-me miró de reojo para ver si me había enfadado-y... rompí con él.
-¿CÓMO?-salté yo. Mis esquemas se habían roto. Javier no era el chulo que suponía. Y... no le había dicho que quería salir conmigo, algo de lo que yo casi estaba segura. Abandoné mis fantasías con sorpresa y cierta desilusión.
-Sí... me doy cuenta de que somos... diferentes. Yo necesito a alguien que me escuche, que sea fácil de comprender. Él es... muy misterioso para mí. No me va.
-Entonces... ¿no estás enfadada conmigo porque hablara... de mí?-pregunté.
-¡No!-exclamó-puedes salir con él si quieres.
-Entonces... ¿a qué tanto llanto?
-Es que después de salir con él, bueno... no soy de piedra, aún le quiero. No hace ni dos horas que hemos roto, ¿qué esperabas? Pero sé que con el tiempo se pasará... al menos, eso espero.
-Por cierto, ¿qué te hace pensar que saldría con él?-pregunté, extrañada y atemorizada al mismo tiempo, mientras bajábamos las escaleras hasta llegar al porche de casa.
-Pues no sé; está claro que a él le gustas-dijo, antes de irse. En su voz había mucha picardía, pero también tristeza y envidia.
Mis sentimientos comenzaban a desenredarse, pero aquella envidia de Laura les impedía seguir.

lunes, 2 de agosto de 2010

Episodio 16: cena con Laura

Pasaron dos días tras aquella conversación con Javier, en los cuales estuve con mi familia, que había agarrado la "vena excursionista" y pasaba todo el día por los montes, los campos y las olas del mar. La cala estaba situada en un punto estratégico, entre el pueblo y la montaña, por lo que cuando hacíamos excursiones por las montañas que rodeaban la parte este del pueblo, podíamos ver, desde lo alto, el oleaje y el color azul del mar, que salpicaba la arena dorada con miles de gotitas color aguamarina, y empapaba las rocas con su fuerza devastadora.
Sin embargo, al tercer día de esa agradable rutina familiar, me llamó Laura, para reprocharme mi ausencia, según ella eterna.
-Tenemos que quedar cuanto antes-dijo.
-Vale... ¿qué tal esta noche?-pregunté.
-Muy bien, vamos a Mario's a cenar, ¿vale?
-Antes de decir que sí, una pregunta... ¿piensas traerte a tu novio?
-No... salida de chicas-aclaró intentando un tono bromista. Pero intuí que algo pasaba entre ellos dos, algo no muy bueno.
-Bueno, pues te pasas por mi casa a las nueve.
-Vale, hasta las nueve.
-Hasta ahora...
Nos despedimos y fui a decírselo a mis padres-y ya de paso, a sacarles algo de dinero, porque yo no es que ahorre mucho, la verdad-.

Hacia las nueve, Laura pasó a buscarme.
-¡Hola!-dijo.
-Hola. ¿Qué tal todo?-se me estaba pegando la muletilla de Javier.
-Bien... bueno, más o menos.
-¿Por qué?
-Pues... es Javier. Sigue tan raro como antes. Unos besos y luego ni siquiera me llama.
-No creo que tengas que preocuparte porque no te llame. Es un chico, tiene su vida, y no te ofendas, pero tiene más amigos y más compromisos aparte de ti...
-Lo sé, lo sé-resopló Laura-pero no sé si yo quiero seguir con él. Es demasiado... raro para mí. Siendo amigos eso no importaba, pero ahora me gustaría que me contase más cosas, y no lo hace nunca. Creo que voy a romper con él.
-¿No deberías hablar primero de lo que te pasa?-pregunté, sorprendida.
-Sí, es verdad, pero me da algo de corte decírselo así. En fin, voy a llamarle y a ver qué tal.
Casi me caigo al suelo del susto. Cuando le dije que hablase con él, me refería en persona y a solas, no por teléfono y menos conmigo delante-si supiera lo que había pasado en la playa, seguramente se lo pensaría-. Pero no podía contárselo, y además ya estaba llamando.
-Hola, ¿Javier? Soy Laura. Tenía que hablar contigo sobre una cosa... sí, claro. ¿En serio? Qué chulo. Pero quería decirte que...-Laura intentaba establecer conversación con el chico, pero estaba claro, según lo que oía, que él prefería hablar de otras cosas.
-Me voy al baño-murmuré, ya que habíamos llegado a Mario's. No tenía nada que hacer en el baño, pero prefería no escuchar la conversación de mi amiga con Javier. Cuando volví, al cabo de unos minutos, Laura ya había terminado de hablar, como esperaba. Le pregunté qué tal.
-Me ha dicho que no me puede contar tantas cosas como le gustaría, que son cosa de su familia, no de él. Aunque nunca me había ni nombrado a su familia, así que eso ya es algo-vi que casi resplandecía de contento. Desde luego, aunque mi amiga era muy simpática, se conformaba con poco. Si Javier me hubiera dicho eso a mí, le habría tirado de la lengua todo lo posible... aunque no después del "incidente".
-Oh, por cierto-me dijo, algo incómoda-va a venir a cenar.

sábado, 31 de julio de 2010

Episodio 15: encuentro virtual

Realmente jamás pensé que el primer encuentro entre Javier y yo sería privado, no lo pensé ni por un segundo, vaya. Creía que, tras el momento en la playa, nos encontraríamos en pandilla y así pasaría la incomodidad del primer momento.
Al día siguiente, hacia las doce del mediodía, decidí cumplir la promesa hecha a mi amiga Mónica de pasarme por Facebook para actualizar un poco mi muro y mis fotos-odio las fotografías porque tengo complejos al verme en las fotos, no como mis amigas, que tienen al menos 100 fotos cada una en sus álbumes. Yo, en cambio, tengo unas cuantas fotos de amigas y de paisajes, y sólo dos mías, en las que ni siquiera se me ve bien.
Tenía mensajes privados, notificaciones y peticiones de amistad, de todo a discreción. Comencé por las notificaciones; la mitad de ellas ni siquiera me interesaban, así que las "liquidé" con bastante rapidez.
Luego miré mis mensajes privados; tenía cinco o seis de amigas del colegio, preguntándome lo de siempre; qué tal el verano, si he conocido a alguien nuevo, y cosas así. Les respondí básicamente con preguntas del mismo tipo, porque nunca había hablado con ellas mucho tiempo sobre el pueblo, y no quería hacerlo ahora. Luego leí el mensaje de mi prima:
"¡Primita! ¿Qué tal tu exilio en el pueblo? Espero que mejor que el año pasado. ¿Y esas dos niñas insoportables, han madurado ya? Espero tu respuesta. 1 bso nos bmos!!!"
"Hola, primita. La verdad es que este año ha mejorado todo, ahora voy con unos pandilleros. Hemos tenido un lío con la poli... pero no, aún no me han encarcelado... aún, claro, jajajaja. He conocido a una chica que se llama Laura y es muy simpática, y a su novio, Javier..."sabía que podía confiar en mi prima. Nos llevamos pocos años y estamos muy unidas "no sé qué tal con él, es... complicado. Tú ya me entiendes. Bueno, 1 bsaxo!!!! Hablamos + tarde oks?"
Suspiré. Por fin lo había admitido, o al menos, había admitido "algo" sobre Javier; me faltaba admitir el resto.
Miré las peticiones de amistad; muchas eran de chicos de la pandilla, entre ellos Laura, y la última... de Javier. Enviada cinco minutos antes. ¿Cómo podía ser? Dos días antes, lo habría entendido, pero justo aquel... en fin, acepté e intenté ver si estaba conectado. Sí, lo estaba.
"Hola" le dije yo, sabiendo que él posiblemente no me hablaría, y como lo de la dignidad no me importa demasiado, preferí empezar yo la conversación.
"Hola" contestó al cabo de unos interminables segundos "¿qué tal todo?"
"Bien =D".
"Oye, no le cuentes a nadie lo de ayer" respondió tras un largo minuto.
"Vale"respondí; preferiría haberle dicho que no me diera órdenes, pero sabía que era mal momento.
"Gracias. Te lo explicaré todo cuando nos veamos".
"Ok, hablamos luego"dije, dejando claro que habría un luego; la curiosidad pudo conmigo.
Él contestó con un simple "ok" y se desconectó. Yo hice lo mismo.
Habíamos superado la incomodidad del primer encuentro... ahora debíamos superar la del segundo.

Episodio 13: hablando con la mirada

Continué mi paseo hasta la cala, que me recibió con una bocanada de aire salado, arrebatándome de golpe todo el calor veraniego que llevaba conmigo desde la mañana. Pensé en volver de nuevo más tarde, de noche, porque si hay algo que no resisto es la vista de una playa nocturna y solitaria. Es romántico y además perfecto para pensar, estar sola, recordar y todas esas cosas que todos necesitamos alguna vez.
Sin embargo, en cuanto me acerqué más al mar, saltando las rocas para que mis pies descalzos disfrutaran con el calor y el tacto medio picante de la arena, vi que no estaba sola aquella vez. Suspiré, resignada a compartir mi momento de meditación con un desconocido. Observé mi aspecto, algo desaliñado, porque no me gusta que me vean cuando no estoy muy presentable, excepto mis amigas. Pensé que no estaba tan mal, sin embargo; bermudas blancas y blusa larga y azul, algo arrugada. En los pies no llevaba nada, y había pasado todo el camino completamente descalza, y disfrutando de ello. Tampoco era cuestión de compartir mis pensamientos con aquel desconocido, o de ofrecerle una pasarela de modelos en la playa, pero aun así... había algo en él que me recordaba a alguien conocido.
Me acerqué lentamente, cuidando de que no me sorprendiera espiándole. Tal vez no era quien yo creía que era... si no, ¿qué diablos hacía plantado en la playa, solo, pensativo? Imposible. Javier jamás haría algo así, estaba segura.
De pronto, comenzó a convulsionar los hombros, como si estuviera sollozando. ¿Él? No, no era él. Segurísimo. ¿Por qué iba a serlo? ¿Por qué querría llorar? Era el líder de sus amigos, tenía una novia muy guapa y majísima, no parecía de los que tienen problemas en casa, y su vida parecía una fiesta permanente. ¿Qué razón había para llorar? "Seguro que no es él", me dije, pero cada vez estaba menos convencida. Porque quizá, tras aquel misterio que parecía envolver su personalidad, se escondía un chico como los demás, que también tenía derecho a tener preocupaciones y problemas, como todo el mundo. Quizá su indiferencia hacia todo y hacia todos era una forma de proteger lo que fuera que guradase en su interior.
Me aproximé más aún a él, pero no me escuchaba. El sonido de su llanto amortiguaba el ruido que hacía yo al andar y respirar. Distinguí claramente su cabello castaño y desaliñado, que siempre llevaba del mismo modo, como si quisiera hacer ver que no daba importancia al peinado, aunque yo podía imaginarle en su casa peinando cada mechón de un modo distinto.
De pronto, tuve un impulso casi suicida. No sabía si le apoyaría mucho mi actitud, o si me mandaría a paseo y me obligaría a no contárselo a nadie-cosa que desde luego no pensaba hacer, excepto tal vez a Mónica, que no le conocía de nada-, pero quería probarlo. Verle allí, solo y con su chulería hecha trizas, me sorprendió y gustó, casi más de lo que querría, así que me puse a su altura, me senté a su lado y me quedé allí, en silencio.
Él se giró sorprendido, y al verme allí se quedó sin palabras. No sé si su primer impulso sería contarme lo que sucedía o enfadarse conmigo, pero lo reprimió. Dejó de llorar en el acto, eso sí. Pero hizo lo que yo; seguir sentado, en silencio, pensando, contemplando el sol casi absorbido por la fina línea que trazaba el mar en la lejanía.
Así nos quedamos media hora o más, cada uno pensando en sus propias cosas, aunque también pensando, sin sentir por ello nervios o vergüenza, en la presencia del otro. Sin embargo, de pronto, Javier se levantó, e incómodo, me dijo:
-Nos vemos mañana.
-Vale.
Esas fueron las únicas palabras que nos dijimos en aquella hora, sentados en la playa. Nos dijimos eso verbalmente, porque a pesar de aquel breve intercambio de palabras, nuestras miradas, o simplemente nuestra presencia conjunta allí (que muchos imaginarían como obra del destino), fueron suficientes como para decirnos todo lo que quisiéramos, para expresar el apoyo por mi parte, el agradecimiento por la suya, y muchos otros sentimientos que nunca fueron hablados.
Muchas veces he pensado que no se puede decir nada con los ojos.
Desde aquel día, he dejado de pensarlo.


jueves, 29 de julio de 2010

Episodio 12: conversación y pensamientos

Pasó algo extraño en los días posteriores al "incidente" en la playa. Laura, ya menos desconfiada con la idea de que yo le "robara" a su amorcito, volvía a ser amiga mía como siempre, y me confiaba todos los pensamientos sobre su relación con Javier, todo aquello que le sucedía con él, que tal día se habían besado y otras cosas de ese estilo.
Sin embargo, cada vez que me lo encontraba, en vez de imaginarme al chico guapo y sensible que evocaba cuando Laura me hablaba de él, y eso que tenía que hacer un esfuerzo para imaginarlo así, siempre me parecía el mismo chulo con cazadora-la cazadora es una de las cosas que más recuerdo de él ese verano-.
-¿Qué tal todo?-me decía cada vez, con ese aire insoportablemente indiferente. Era algo que yo no podía ni aguantar.
-Todo bien, como siempre-respondía con una sonrisa, por mi amistad con Laura; sino hubiera sido por eso, lo mandaría a paseo cada día que lo encontrase.
Y él, como siempre, me observaba sorprendido, como si esperase algo más que aquel breve intercambio de palabras, como si estuviera seguro de que yo hablaría horas y horas con él si pudiese. Nada más lejos de la realidad. Por impulso no me gustan los chicos malos, y menos si son por añadidura unos chulos baratos. Nunca. Ni loca. Hablando por teléfono con Mónica, mi mejor amiga de Barcelona, le comentaba:
-Ese chico es muy, muy raro. A veces parece que quiera hablar conmigo, menos cuando está Laura delante, entonces sólo me observa como siempre y se queda charlando con Laura de tonterías varias, como si no se atreviera a hablar en serio con su novia conmigo delante.
-A lo mejor es que le gustas-aventuró ella.
-¡Sí, claro! Además, si fuera así, conmigo lo tiene claro. No puedo soportarle.
-Del odio al amor hay un paso...-canturreó ella, burlona.
-¡No, en serio! Es el típico... "chulito" de ciudad... en un pueblo-expliqué.
-Entonces presentamelo-pidió Mónica, a la que le encantan los chicos malos, a diferencia de mí.
-Ya lo haré, adiós fea.
-Hala, adiós. ¡Y a ver si te metes un poco en Facebook que se te echa de menos por allí!
-Vale, vale... lo haré. Hasta luego.
Colgué el teléfono y me puse a pensar; "¿y si le gusto de verdad? no, es demasiado imposible... ¿para qué querría salir conmigo un chico como él, tan... pasota? Seguro que sigue con Laura mucho tiempo más, y además Laura es amiga mía y a mí él no me gusta, de modo que tampoco llegaríamos muy lejos. En realidad, ni siquiera le daría oportunidad de pedirme salir, ¡o Laura se moriría de rabia! Y para una buena amiga que he hecho aquí, no voy a perderla por un estúpido chico".
Decidí dar un paseo por la playa para aclarar mis ideas. Ese lugar, ya lo he dicho antes, me parece el mejor "pensadero" del universo entero.
Bajé por el pequeño sendero que conduce a la cala desde la casa de mi abuela, tan bien situada para estas ocasiones. Era casi la puesta de sol, y pensé en que tal vez Javier y Laura estarían allí, en plan romántico... pero no tenían por qué estar allí ese mismo día, ¿no? Seguro que cada cual estaría en su casa o en el solar que parecía ser el punto de reunión de la pandilla.
-Mamá, voy a salir un rato a la playa-avisé a mi madre, que aparecía en aquel momento por el jardín.
-¿Con quién vas?
-Voy sola, mamá-suspiré. A veces me fastidia que intente controlarme de esa manera; ya soy mayorcita, ¿no?
-Vale, cariño, pero vuelve cuanto antes. Esta noche habíamos planeado ir a cenar toda la familia a Mario's. Ya sabes, han pasado unos cuantos días y todavía no hemos hecho un plan juntos.
-¡Genial!-dije. Aunque ahora tenía amigos que pensaban que ir a cualquier sitio con padres era de idiotas, tampoco me importaba demasiado; yo no soy de las que se sienten incómodas con su familia, creo que porque les quiero de verdad, así que no tengo reparos en ir con ellos al cine o a cenar.
Bajé a la playa, pensando en todo aquello que Mónica me había dicho. No imaginaba lo que iba a encontrar en la playa...

lunes, 26 de julio de 2010

Décimo episodio: cohetes en la playa

Aquella noche bajé a la playa tras avisar a mis padres. Creo que éstos pensaba que iría a casa de Blanca o de Paloma, e incluso me dijeron que les diera recuerdos de su parte. Si hubieran sabido con qué gente me iba, lo que iba a hacer... si yo misma lo hubiera sabido semanas antes, tampoco me habría entusiasmado con la idea. Pero mi afán de encajar con el resto de gente, o de tener al menos vida social, como estaba acostumbrada, era mayor que la voz de mi conciencia, que me decía que podía acabar en un lío si la policía nos pillaba a mí a mis amigos en la playa con cohetes. Era solo el segundo día, demasiado pronto como para meterme en un lío, ¿no?
-¡Has venido!-exclamó Laura al verme. Parecía contenta, pero creo que estaba algo nerviosa, supongo que por haberme confiado un secreto suyo.
-Aquí estoy... ¿seguro que no haremos nada malo?
-Me han dicho que es seguro-respondió ella, pero la misma parecía poco convencida.
Bajamos con los demás a la cala, que a la luz de la luna era más encantadora que nunca. Algunos habían comprado botellas de refresco en el supermercado, que se iban pasando de mano en mano. Todos reían y charlaban al mismo tiempo, quitándose la palabra unos a otros; yo me sentía en mi salsa en aquel ambiente relajado, pero no sabía cuánto tiempo más duraría aquella escena y pasaríamos a la de armar follón. En un pueblo tan pequeño, cualquier lío puede acabar en desgracia, cosa que no pasa en una gran ciudad, donde los policías tienen más ocupaciones y más delincuencia con la que acabar como para preocuparse de unos adolescentes con ganas de fiesta.
-Venga, chicos, se nos acaba el tiempo. Paula se va a las doce y aún no ha podido ver nada; tendremos que adelantarlo todo-explicó Mario, uno de los chicos que había conocido esa noche.
-Por mí no lo cambiéis, por favor. No me importa, lo veré otro día, me quedo aquí dos meses-dije, intentando fingir que era para mí un sacrificio en lo meterme en su barullo. Debí fingir demasiado bien, porque todos comenzaron a pedirme que me quedara allí con ellos, que no les importaba adelantarlo. Incluso las chicas más despreciativas por mi aspecto "de ciudad", que para ellas significaba no llevar ropa oscura ni botas militares-las "amigas" de las que me había hablado Laura por teléfono-no querían que me fuera sin haber visto a la pandilla en plena acción, quizá para demostrarme que eran más duros de lo que imaginaba.
Comenzaron a sacar cohetes de las mochilas, los petardos más grandes que les habían sobrado de la noche de San Juan. Algunos traían mecheros, y de paso se encendieron unos cuantos pitillos, que dejaron al poco tiempo, intentando ocultar sus accesos de tos. Me dieron ganas de reírme, pero decidí salvar las apariencias y dejar pasar un poco de tiempo antes de reírme con confianza.
-Venga, encenderlos de una vez-dijo Laura, nerviosa.
-Vale... no te pongas así-murmuró Javier.
-Así, ¿cómo? Sólo he dicho que los enciendan, nada más. ¿Qué te pasa últimamente?-dijo Laura, enfadada.
-No me pasa nada, eres tú quién está rara-replicó el chico.
Todos habían callado y observaban, excepto un par de chicos que seguían en torno al mechero, intentando encender los cohetes.
-Eso no es verdad, siempre me evitas, haces ver que no estoy, ni siquiera me llamas-gritó Laura, ajena a todas las miradas.
-Mira, si crees que no quiero salir contigo, ¿por qué no me lo dices de una vez?
-¡Parece que no quieras!
-¡Pues te parece mal!
Acabaron los dos callados, mirándose mutuamente el uno al otro, con los ojos llameantes de furia. De pronto, uno de los cohetes estalló, sobresaltándoles a ambos, que miraron en torno a ellos y descubrieron a todo su grupo atento a la discusión.
-¿Puedes venir un momento?-preguntó Javier en voz baja.
-Sí-masculló Laura.
Los dos se fueron hacia las rocas, separados del resto. Les vi hablando, y justo cuando estallaba el segundo cohete, se escondieron algo más entre las rocas. Al cabo de un rato vi de reojo que se besaban. "Laura debería dejar los besos y decirle que no le conoce bien, que es la verdad" pensé.
Pero ellos volvieron juntos y no pude hablar con ella. Los cohetes estallaban uno tras otro, creando una lluvia multicolor en el cielo, que parecía descender hasta el océano.


domingo, 25 de julio de 2010

Octavo episodio: reacción extraña

Pensé que Javier se enfadaría sin remedio por la contestación, que me llamaría de todo y que el resto de sus amigos, burlándose de mí, me echarían de la pandilla. Sobretodo su novia, la única que me había inspirado alguna confianza.
Sin embargo, Javier sólo se quedó mirándome con asombro, quizá porque no estaba acostumbrado a que nadie le plantase cara. Tras unos segundos, en los que me mantuve en el aire con respecto a mi entrada en la panda, aunque mi convicción de que me echarían casi rayaba en la total seguridad, dijo:
-Eres... rara, ¿lo sabías?
Y yo, que parecía dispuesta a enfadarle, repliqué:
-Entonces nos parecemos bastante.
Él simplemente se rió y me dio la bienvenida a la pandilla. Yo había querido ir a la otra pandilla, para no encontrarme con él y su estupidez, pero era demasiado tarde para echarse atrás. La novia de Javier, aunque al principio se quedó en silencio por mi forma de hablarle a su novio, ahora volvía a dirigirme la palabra, pues parecía evidente que el chico no se había enfadado por ello.
-Aquí lo pasarás mucho mejor que con esas dos pijas-me dijo-espero que te dejen salir por la noche; al fin y al cabo, estás en un pueblo. ¿Hasta qué hora puedes salir?
-Hasta las doce-respondí, segura de que mi madre me dejaría quedarme hasta esa hora.
-Es menos de lo que esperaba, pero te da tiempo de todo. Esta noche vamos a tirar cohetes en la playa, ¿quieres venir?
-¿No es peligroso?-pregunté.
-No, si tienes cuidado.
Asentí con la cabeza, a pesar de que no estaba demasiado convencida. Aquella noche tenía que ir con ellos, no quería quedar como una "colgada". Así que, pasara lo que pasara, estaba decidida a acudir. Si no fuera por ese par de chicos idiotas que no paraban de hacer bromas y de mirar a las chicas con expresiones extrañas...

sábado, 24 de julio de 2010

Séptimo episodio; problemas de pandilla

En cuanto llegué al lugar donde solían reunirse todos los miembros de la pandilla, el solar enfrente de la escuela, los vi a todos con poses de "chicos malos" más auténticas que las de Blanca y Paloma pero tan irritantes como la de Javier. Sacudí la cabeza, intentando no pensar en ese chico, y me dirigí hacia ellos.
-¿Quién eres, preciosa?-me gritó uno cuando me acercaba."Ya es una mala señal" dijo una voz en mi mente. "Son la única alternativa que tengo"le repliqué.
-Me llamo Paula... Paula Martín-me presenté.
-¿Y buscas compañía?-preguntó otro chico, que tenía pinta de esmirriado. Se produjeron risas entre todos.
-Me voy a quedar en verano y me preguntaba...-dije,algo cortada por el aspecto de mis supuestos nuevos amigos.
-¿Si puedes quedarte con nosotros?-terminó una chica con pinta de simpática-espera, ¿no serás esa chica de la que me habló Javier el otro día? Entonces, seguro que conoces a Blanca y a Paloma. No me extraña que quieras venirte con nosotros después de haberlas conocido.
-¿Las conoces?-pregunté.
-Por supuesto; ellas se han encargado de que las conozca todo el mundo. ¡Se creen que son las princesas del barrio por caer bien a nuestros padres! Pero no tienen más amigos que ellas mismas...
-Y Javier-añadí. Aquella chica me caía bien, pero aún no sentía demasiada confianza.
-Eh... sí, ellas piensas que Javier es amigo suyo, el mejor amigo que se puede tener. Según me ha contado, Blanca no le deja en paz ni un segundo. ¡Es una pena que Javier no esté libre!
-¿No lo está?-preguntó uno de los chicos de la banda, mirándola con curiosidad.
-No... sale conmigo-admitió la chica, repentinamente avergonzada.
-¿Contigo?
-¿Hay algún problema en eso?-dijo una voz. Todos nos giramos y vimos a Javier, apareciendo por una esquina del solar. Sonreía y saludaba, y de pronto, al verme a mí, se quedó parado un momento.
-¿Qué haces aquí?-me preguntó con descaro-no habrás venido de parte de Blanca y Paloma...
-Ellas no son mis amigas. Y, si tienes algún problema con que esté aquí, ya puedes irte-respondí, enfadada.
Toda la pandilla se quedó mirándome estupefacta. Entonces comprendí que aquella era la pandilla de Javier, y que posiblemente él era el líder de sus amigos.
¿Qué pasaría ahora?