Hola, soy Paula Martín. Hace un tiempo viví una entrañable historia de amor, que he querido compartir con todos los internautas que se pasen por aquí. Viajad con vuestra imaginación a las playas, los campos, las casas de piedra y el sol de verano...
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lunes, 30 de agosto de 2010

Episodio 25: ¿qué he de hacer?

Al día siguiente, volví a salir. Quería verle, y sabía que sólo salía por eso, aunque intentase convencerme de que únicamente quería charlar un ratito con Laura, tal como le dije a mi madre que haría, aunque, por su modo de mirarme, intuí que sabía el por qué de mis ganas de salir.
Caminé unos minutos por el camino empedrado y bordeado de rosas. Sin darme cuenta, el pueblo estaba comenzando a parecerme más bonito; no sabía si era porque tenía amigos allí o porque me estaba haciendo mayor y ya no me importaba tanto ceñirme a mi versión horrible del pueblo.
-¡Eh, Paula!-gritó una voz. Me volví. Era él.
-¿Qué tal?-saludé. Me di cuenta de lo mucho que me gustaba que dijera mi nombre.
Él se acercó con una sonrisa, y me preguntó adónde iba.
-Iba a ver a Laura.
-¡Ah!-soltó Javier, con expresión culpable. Me pareció que no quería verla, como era lógico justo después de romper. Sin embargo, en cuanto me despedí de él para ir a buscarla, dijo:
-¡Espera! Te acompaño.
Caminamos juntos hacia la plaza, como el día anterior habíamos caminado hacia la playa. Me gustaba saber que estaba a mi lado, hablando conmigo sobre cierta asignatura suspendida o cierto deporte que le encantaba. Aunque estaba sumergida en mis pensamientos, pude mantener una conversación con él, que me sirvió para conocer otros aspectos de su vida en el pueblo-que a mí se me antojaba, para cualquier adolescente, aburrida y sin gracia-. Descubrí que no era tan terrible vivir ahí, que también se montaban sus fiestas y, en cuanto necesitaban algo que allí no podían conseguir, siempre había un hermano mayor, un padre simpático o un abuelo "marchoso" dispuesto a llevarles a todos a la ciudad más cercana-ésa era la ventaja de que todos se conocieran allí-.
Llegamos sin darnos cuenta al callejón que dominaban los amigos de Javier. Laura estaba entre ellos, y abrió mucho los ojos al vernos llegar juntos. Me di cuenta de que tal vez había sido un error que él me acompañara.
-¡Tío! ¿Qué te pasó ayer por la tarde? Habíamos quedado, ¿te acuerdas?-soltó uno de los chicos.
-Perdona, se me... olvidó-se disculpó Javier.
-Vaya, que rápido te echas novia-dijo una voz al fondo. Blanca salió de entre dos chicos que la miraban con admiración, acompañada de Paloma.
-¿Qué haces aquí?-suspiró él.
-Me he pasado para charlar un rato con tus... amigos. Aunque también me gustaría hablar contigo. A solas.
-Lo siento, estoy ocupado-dijo Javier.
-¿Con ella?-preguntó Blanca.
-No, con todos.
Miré a Laura, que seguía mirándome con expresión indiferente, que no disimulaba del todo su pizca de celos. La saludé con la mano y ella me respondió con una sonrisa de plástico.
-Oye, si nos dejas en paz, sería perfecto-le dije yo a Blanca.
-Perdona, no quiero robarte tiempo con tu chico-replicó, marchándose.
¿Es que siempre tenía que aparecer en los mejores momentos para estropearlos? ¿Por qué no seguía haciendo de muñequita de sus padres y nos dejaba en paz? Y Laura, ¿realmente había apartado su mente de Javier? Yo sabía que tenía que dar un paso, decirle a Javier que dejase de andar conmigo o seguir con él... ahora sabía bien lo que quería. Pero no lo que tenía que hacer.

sábado, 28 de agosto de 2010

Premio al blog más feliz, "Sonrisas de felicidad"


Este es el último premio, al menos el de este mes. Es para Maria Bel por el blog más feliz que he visitado, Sonrisas de Felicidad. Un blog que te anima y te enseña otro mundo...
¡Felicidades Maria Bel!

www.somriuresdefelicitat.blogspot.com

Premio a Miss Cullen por su blog Sueños De Arena


Este premio es para Miss Cullen, por su interesante blog "Sueños de Arena", una historia emocionante, además de la constancia de la autora, que siempre escribe capítulos nuevos.
¡Felicidades Miss Cullen!!!

www.misscullen-dreamsofsand.blogspot.com

domingo, 8 de agosto de 2010

Episodio 20: Blanca ataca de nuevo

Tras mi conversación con Javier-después de la cual estuvimos un rato paseando en silencio y charlando sobre cosas superficiales, porque ya habíamos dicho todo lo importante por aquel día-, me fui a casa. Quería contárselo todo a mis padres, porque toda la tristeza de aquel descubrimiento era demasiado grande como para guardarla dentro de mí, pero no sabía si a Javier le gustaría eso. Sin embargo, he aprendido que hay que confiar antes de todo en la familia, así que decidí contárselo si me daban su promesa de no hablar de ello con nadie-y estaba segura de que la cumplirían; al fin y al cabo, mis padres no son unos cotillas-.
Ellos me dijeron que tal vez Dios lo había querido así-ellos me hablan a menudo de Dios, por lo que estaba segura de que no era una mera expresión-.
-Mira, Paula-me dijo mi madre-a todos nos llega la muerte alguna vez, y tenemos que aprender a superarlo. Ahora, lo que necesita ese chico es tu compañía; si te lo ha contado, no es para que lo ignores sin más. Es para que lo apoyes.
Yo asentí y después me fui a mi habitación, para pensar un rato en lo que me habían dicho mis padres. "Tienen razón" fue lo primero que se me vino a la cabeza, lo cual es extraño, porque normalmente suelo pensar que yo siempre tengo la razón. Supongo que, como esta vez nuestras ideas coincidían bastante, pude concederles la razón a ellos-que en realidad, siempre acaban demostrando que la tienen-.
Llamé a Laura; no quería contarle nada del secreto de Javier-aunque me parecía un poquito raro que me lo contara a mí y no a su novia, y casi tenía decidido pedirle que se lo contara también a ella-, pero necesitaba cotillear un rato con alguna amiga.
-Hola-me dijo Laura, en un tono de enfado evidente-¿qué tal estás?
-¿A qué te refieres?-tanteé yo, confusa-¿no te habrás vuelto a enfadar?
-Oh, no-resopló ella-sólo me he enterado de que has pasado la tarde con Javier, pero no estoy enfadada.
-¿Qué? ¿Quién te lo ha dicho?-exclamé, demasiado sorprendida como para encontrar una excusa.
-Blanca.
¡Otra vez aquella pesada! Sabía que no tardaría en atormentarme de nuevo las vacaciones, como cada año. ¡Pero aquello era pasarse! A saber qué le habría dicho a Laura, cómo habría manipulado la historia a su gusto para conseguir lo que quería. Porque estaba claro que con la estratagema deseaba un 2X1: que Laura se enfadara conmigo, rompiera con Javier y él saliera con ella. ¡Qué chica aquella! Siempre pensando en sí misma y en chicos. ¡Hay otras cosas en la vida, guapa! Eso deseaba decirle.
-Se va a enterar-dije.
-¿Por qué, por contarme la verdad?-preguntó Laura-me ha hecho un gran favor.
-Antes de enfadarte más conmigo... que sepas que yo fui quien buscó a Javier, porque teníamos algo pendiente de que hablar.
-¡Ya sabía que él no había ido a buscarte! ¿Qué crees? Además, no sé qué has de hablar con él.
-Es complicado, no puedo decírtelo... por favor, no te enfades-supliqué, sin querer añadir más problemas a mi verano y aún menos queriendo enfadarme con mi mejor amiga del pueblo.
Ella colgó y yo fui a casa de Blanca. Estaba a punto de salir de mi casa cuando me di cuenta de que eran las once de la noche y de que no podía llamar a esa hora a la puerta de su casa, aunque estuviera probablemente fuera de ella.
"Esperaré a mañana..."me dije. Aunque, realmente, no sé qué quería hacer. Porque, con o sin manipulación, salir a solas con el novio de mi amiga era por sí mismo algo que con razón enfadaría a Laura... pero las causas eran justas, ¿no?

miércoles, 4 de agosto de 2010

Episodio 19: una triste sorpresa

Estaba claro que tenía que encontrar a Javier, fuera como fuese, en la playa, con la pandilla o incluso en su casa, aunque no sabía bien dónde estaba. Desde luego, le hubiera preguntado a Laura, y ésta posiblemente hubiera sabido dónde se encontraba el chico, pero no me atrevía a hacerlo por miedo a provocarla otra vez.
Probé primero en el punto de reunión de la pandilla-a los que, por otra parte, hacía un tiempo que no veía-.
-¡Paula! ¿Tú por aquí? ¡Pensamos que te habías vuelto con Blanca y Paloma!-exclamó un chico sonriendo.
-Ya ves que no... es que he estado liada con mi familia estos días-expliqué-¿habéis visto a Javier?
-No-replicaron ellos. A todas las chicas se les veía una expresión curiosa en la cara, y los chicos me observaban burlonamente.
-¿Sigue saliendo con Laura?-preguntó una de las chicas.
-Sí, ¿por qué?
-¡Qué raro...!-exclamaron los chicos, riendo entre ellos.
Yo me despedí y di media vuelta, porque el tono de aquella última exclamación era más que evidente.
Le busqué minuciosamente por el pueblo, decidida a que me diera la explicación prometida; no me iba a quedar sin ella. Al ver que no estaba ni en la playa, ni en el campo, ni con Laura, ni con sus amigos, decidí ir a buscarle a su casa. Sabía a medias dónde se encontraba, y logré llegar sin contratiempos, para mi gran sorpresa.
Llamé al timbre y me abrió un señor de unos cuarenta años, que tenía los ojos y la nariz de Javier, por lo que supuse que sería su padre. Iba vestido con ropa de verano, y su expresión no era precisamente amigable, pero pregunté por el chico.
-Sí, enseguida viene-respondió con una voz suave que no había esperado en él-¡Javier! Tienes visita.
-¿Qué?-se oyó la voz sorprendida de Javier-espera un minuto... ya bajo.
-Hola-saludé tímidamente cuando apareció.
-¿Qué quieres?-preguntó. A pesar de la pregunta, no parecía enfadado, sino más bien muy sorprendido.
-Tenemos que hablar, ¿recuerdas?
-Claro-recordó-bajemos a la playa, ¿quieres?
Asentí y nos fuimos hasta la playa caminando. Tras unos minutos en silencio, decidí tomar las riendas de la conversación y preguntar lo que había ido a preguntar.
-¿Por qué estabas... así el otro día?
-¿Por qué estaba llorando?-tradujo él con una sonrisa irónica-la verdad es que es por algo muy personal que nunca he contado a nadie. Y no sé si contártelo a ti.
-Si es muy personal, es tu decisión... pero dijiste que me lo contarías-le recordé, impulsada por la curiosidad.
Él se quedó callado, como si no hubiera oído mi comentario. Seguimos caminando hacia la playa, aunque yo prefería alargar lo menos posible el paseo, por Laura y por mí misma, porque empezaba a sentir cosas que no quería sentir...
-La verdad-exclamó de pronto-es que me apetece contárselo a alguien. A lo mejor así me lo... saco de dentro.
No dije nada, sabiendo que era mejor dejar tiempo para que hablase él mismo de lo que tuviera que hablar. Sucedió justo como esperaba.
-Bueno... es algo complicado... no, en realidad es muy sencillo. Tiene que ver con mi familia.
-¿No será el mismo rollo de los demás, no? Eso de "mi familia me avergüenza" y cosas por el estilo-soplé, abandonando la delicadeza. Es que estaba harta de ese tema.
-Nooo-dijo-tiene que ver con algo malo, pero me refiero a algo realmente importante-me gustó que lo que sus amigos consideraban importante para él no lo fuera. Tenía más personalidad de la que yo esperaba.
-Entonces, ¿qué es?-pregunté, a punto de reventar de curiosidad.
-Pues... mi madre, hace unos años...-murmuró él-bueno, ella... murió. De un... ataque al corazón.
Me quedé callada. ¿Qué puede decirse en situaciones como esta? Había esperado algo grave, pero no de ese calibre, por supuesto.
-No quiero que te compadezcas de mí ni nada de eso, ¿vale?-me dijo, de mal humor otra vez.
-Oye... no quiero compadecerme de ti, en serio... pero lo siento-respondí con sinceridad. Creo que él captó que no era una simple muletilla para dar el pésame, porque me sonrió de pronto.
-Bueno, la verdad es que no suelo... llorar por esto-explicó, avergonzado-pero es que últimamente mi casa va de mal en peor. Mi padre... apenas nos habla desde que mi madre murió. Me parece que cree que no nos entristece demasiado.
-¿Cómo va a pensar eso?-exclamé, sorprendida.
-Porque somos dos chicos, yo y mi hermano mayor, y no le acompañamos mucho en su dolor cuando mamá murió. La verdad es que ambos nos...
-Os encerrasteis en vosotros mismos, ¿no?-murmuré.
-Algo así. De ahí que él piense eso.
-Pues tu no debes pensarlo-repliqué, aunque temiendo que me dijera que no me metiera en sus asuntos-aunque sólo sé esto desde hace unos minutos, se nota que... la echas de menos.
-No sabes cuánto-suspiró él, mientras continuábamos nuestro camino.
A mí había dejado de parecerme un "chico malo"; ahora sólo me parecía un chico desgraciado, pero que, si quería, y tal vez con ayuda, podía salir adelante.

Episodio 18: paces

Al día siguiente apenas me atreví a salir de casa, pero quería hablar con Laura acerca de nuestra discusión el día anterior; me cambié, me duché y me vestí con unos shorts azul marino y una camisola amarillo claro. Después de terminar de arreglarme, me dirigí a casa de Laura. Intenté avisarla por teléfono, pero no me respondía las llamadas, por lo que lo dejé y decidí presentarme en su casa sin avisar-éstas son las cosas que puedes hacer en según qué sitios, cuando conoces a todo el mundo y todo el mundo te conoce a ti-.
En cuanto llegué, me abrió la puerta su madre, que pareció muy sorprendida de verme allí-aunque quizá eran solo imaginaciones mías, claro-.
-¡Paula!-exclamó-pasa, pasa. Laura está en su habitación... aunque no sé si...-se notaba que estaba mirando a su hija, probablemente situada en un lugar en el que no podía verla.
-Gracias-dije, entrando en la casa tras ella. Lo cierto es que Laura tiene una de las casas más bonitas del pueblo-durante el tiempo laboral, sus padres trabajan conjuntamente en una ciudad vecina, como diseñadores de interiores, por lo que siempre saben cómo hacer que su casa, que no es muy grande, se vuelva espaciosa pero bien adornada-.
Subí a la habitación de Laura, que es muy grande, porque, como no tiene hermanos, siempre ha sido un poco "la princesita de la casa". Ella estaba tirada en la cama, fingiendo que llevaba allí horas, pero se notaba que era mentira por la cama, que tenía las sábanas perfectamente lisas.
-¡Oh! Hola-saludó con desgana.
-Oye, Laura, yo... de verdad que lo de ayer iba en serio... tú me importas más que Javier, y espero que no pienses que soy lo suficentemente mala amiga como para ir por ahí ligando con los novios de mis amigas, porque no es así. Si no quieres, no hace falta que me hables, ni nada de eso, pero me da rabia que pienses que soy capaz de hacerte una burrada así-solté de un tirón, casi sin respirar. Después, al no recibir respuesta de Laura, me di la vuelta y me fui.
-Espera...
Volví a girarme hacia Laura, y descubrí, para mi alivio, que sonreía.
-No estoy enfadada contigo, pero es que ayer... Javier se puso en un plan muy callado, justo después de que hablásemos de ello, y me desahogué contigo. Lo siento.
Yo también sonreí, y con eso fue suficiente.
-¿Vamos a hacer algo?-propuse, como si nunca hubiera habido enfados entre nosotras.
-No puedo... mi madre está redecorando la casa y he de ayudarla-reconoció, casi con vergüenza.
-Eh, no pasa nada-dije-ya me enseñarás la casa cuando esté terminada.
Nos despedimos y me fui.
Ahora ya sólo tenía un problema que resolver, y quería resolverlo en aquel momento; fui a buscar a Javier para que me explicara qué demonios había significado aquella escenita de la playa y luego la del restaurante.

domingo, 1 de agosto de 2010

Un paréntesis

Hola a todos, soy Paula, la autora del blog.
He visto que muchos blogs tienen un "botón", y yo hace mucho que desconecté de blogger, ahora tengo este nuevo blog y no sé lo que es, bueno, más o menos sí, pero no sé cómo ponerlo. ¿Alguien podría ponerme un botón? De su blog o de otros, no me importa, mientras tenga un par de botones, ¿ok?
Espero que os esté gustando mi historia, porque yo nunca veo la hora de sentarme a escribirla. Realmente estoy disfrutando mucho escribiendo este blog y conociendo otros, y vuestros comentarios, así como la gente que me sigue, los tengo muy en cuenta.
Gracias a todos los blogueros que pasaron por mi blog-ah, y felicidades atrasadas a todas las Martas, que el 29 de julio fue su santo-.
Un BESAZO!!!
Pauli

martes, 27 de julio de 2010

Episodio 11: ¿Javier me defiende?

Después de la lluvia de cohetes quise irme a casa. Estaba aliviada; parecía que nadie se había enterado del ruido ni del jaleo. ¡Y yo pensando que estaba prohibido! Seré tonta... seguro que estos chicos ya han hecho lo mismo muchas veces antes y les han dejado...
Me despido de todos mis nuevos amigos y me marcho para casa. Estaba ya lejos de la playa cuando noté que me faltaba algo: "¡la bolsa!" Me había dejado la bolsa que había llevado aquella noche. Bajé a buscarla rápidamente, era posible que ya no hubiera nadie en la playa, tal vez se habían ido una vez terminados los cohetes, o seguían allí... esperaba que se hubieran ido, porque siempre me gusta contemplar la cala de noche.
Cuando llegué y bajé entre las rocas, mi corazón dio un vuelco; un coche de policía. Estaba aparcado en la playa, y un par de oficiales hablaban con mis amigos. Sostenían algo en la mano; parecían los cohetes que habían sobrado. Fui hacia ellos, de todas formas los polis ya me habían visto, así que no tenía nada que perder.
-¿Tienes algo que ver con esto, jovencita?-me preguntó uno de los policías en cuanto me acerqué lo suficiente. Laura me miraba asustada, y yo iba a asentir y a suplicar piedad cuando salió Javier de entre sus amigos:
-Ella no estaba enterada de esto, es la primera vez que viene por aquí y no sabía que fuera algo prohibido. No se lo diga a sus padres, sólo está de vacaciones.
-Hum... ¿cómo te llamas?-me preguntó el tipo que me había llamado "jovencita", algo que me parece anticuado y patético.
-Paula Martín... señor-contuve un impulso de devolverle el "jovencito" a él, porque no parecía demasiado mayor. Como máximo tendría veinte años.
-La nieta de María José Martín-murmuró-creo que no deberíamos dar a tu abuela un disgusto con esto, ¿eh? Pero que no se repita.
-Por supuesto-contesté, y añadí en un momento heroico-vamos, Laura.
-¿Laura?-dijo el policía.
-Sí, es que... se queda hoy a dormir a mi casa. En realidad, yo la he arrastrado hasta aquí diciéndole que no haríamos nada malo, así que ella no tiene la culpa.
-Entonces, podéis iros-respondió el poli mayor a regañadientes.
La cogí de la mano y la arrastré conmigo.
-¿Por qué has hecho eso?-me preguntó, sorprendida.
-Porque se te notaba que tú no querías tirar ningún cohete, así que yo tengo tan poca culpa de esto como tú. Agradécemelo y punto.
-Vale... gracias. Oye, ¿conocías a Javier antes de este verano?
-No, ¿por qué?
-Pues porque...-dijo Laura, sorprendida y algo celosa-él nunca ha defendido a nadie, a no ser que fuera un gran amigo suyo, y a veces ni siquiera a ellos. Es extraño que te haya ayudado a ti y no a mí, ¿no crees?
-¿No estarás celosa?-pregunté, comprendiendo-eh, tú tranquila. A mí Javier no me interesa para nada, en serio. Ni siquiera como amigo, imagínate.
-Ah, vale. Pensaba que con todo este rollo de la pandilla...
-No, hombre, no. No soy de las que van ligando con los novios de sus amigas, y además, acabáis de resolver el enfado en la playa, ¿no?
-No del todo, sólo hemos hablado un poco, pero ahora ya no hay tanta tensión. Tienes razón, Javier no me va a dejar, seguro.
Ambas llegamos a mi casa, y sin contarles nada del incidente a mis padres, sólo que Laura se quedaba a dormir aquella noche, nos fuimos a la cama.

domingo, 25 de julio de 2010

Y llegamos a las 60 visitas

Hola blogueros!!!
Es la primera vez que mi blog llega a tener 60 visitantes. Estoy muy contenta por eso, y quería volver a agradeceros que os paséis por aquí. Y también a todas las wamberas que leyeron en la sección de comentarios de Wambie la URL de mi blog y se pasaron, que sé que son muchas. Cuando lleguemos a las 100 visitas, cambiaré el diseño del blog y añadiré nuevos juegos y aplicaciones.
Un abrazo a todos y seguid disfrutando con mi historia de amor,
Paula