Hola, soy Paula Martín. Hace un tiempo viví una entrañable historia de amor, que he querido compartir con todos los internautas que se pasen por aquí. Viajad con vuestra imaginación a las playas, los campos, las casas de piedra y el sol de verano...

sábado, 24 de julio de 2010

Sexto episodio: sin resignación

Pasé los primeros días con auténtico enfado, mezclado con la tristeza y las recriminaciones por haberme dejado engañar, al igual que los adultos, por la cara bonita y la sonrisa de Blanca. La verdad es que casi me dolía saber cómo era esa chica y no haberme dado cuenta de sus intenciones. Lo de Paloma me daba igual, ya que ella era sólo un títere de Blanca, y era posible que ni siquiera sus sentimientos de antipatía hacia mí fueran reales, como no lo eran los míos, pues nunca me había atacado directamente, sino asintiendo a los ataques de Blanca, como siempre. Más de una vez estuve tentada de preguntarle si no era muy aburrido eso de pasarse la vida imitando a otra persona, pero comprendí que tampoco podría obtener una respuesta satisfactoria.
¿Cómo, entonces, pasar el resto del verano? Mi corazón, esperanzado el primer día con salidas y conversaciones entre otros adolescentes, ahora no podía resignarse a la idea de tener el mismo verano de siempre. El resto de años había sido soportable; lo era porque yo no tenía tan marcado como ahora el sentido de las amigas, éstas eran sólo para el colegio, y para invitarlas a casa alguna vez. Ahora, en cambio, mis amigos eran gran parte de mi mundo, así que no podía dejar de estar con ellos, o quedarme sola, sin un solo amigo a quien acudir, durante dos meses. ¿Qué significaba aquello? Decidí no resignarme esta vez, y fui al solar que había frente a la escuela; había pensado en ir al encuentro de una de las pandillas del pueblo. Aunque, desde luego, no a la de Javier...

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