Hola, soy Paula Martín. Hace un tiempo viví una entrañable historia de amor, que he querido compartir con todos los internautas que se pasen por aquí. Viajad con vuestra imaginación a las playas, los campos, las casas de piedra y el sol de verano...

martes, 3 de agosto de 2010

Episodio 17: discusión

En cuanto Javier entró en el restaurante, tuve ganas de esconderme bajo la mesa para no salir, pero no pude. Me reproché una y mil veces el haber aconsejado a Laura que hablara con él, pero, vaya, no pensé que lo tomaría de una forma tan "literal"...
-Hola-saludó. ¿Eran imaginaciones mías, o estaba un poquito colorado?
-Hola-respondimos a dúo Laura y yo, también ruborizadas, aunque por razones muy distintas...
Se sentó y nos quedamos los tres en silencio, sin saber qué decir. Parecía que Javier-como siempre-no quería hablar de relaciones conmigo delante, lo que, por otra parte, me pareció muy razonable, porque yo no era nadie para escuchar sus líos amorosos, y dudaba que Laura le hubiera contado que a mí ya me había explicado sus problemas con él.
-Bueno...-suspiró ella, con la típica incomodidad de quien no sabe qué decir. A mí la mayoría de los silencios nunca se me hacen incómodos, porque suelo tener muchas cosas en la cabeza y entonces pienso en ellas, y aquí pasó lo mismo, pero no pude dejar de observar la incomodidad de mis dos amigos, con lo que acabé por sentirme tan mal como ellos mismos.
-¿Qué van a tomar los señores?-dijo un camarero, con la sonrisa burlona que pone la gente cuando no te toma en serio. Como si él no hubiera ido solo a un restaurante en su adolescencia; aunque claro, sus canas denotaban que esa época ya le quedaba lejos, así que a lo mejor en "sus tiempos" no iban todavía solos de noche, ni en aquel inofensivo pueblecito.
Laura y yo pedimos un plato de pasta y Coca-cola, y Javier se quedó callado. Cuando se dio cuenta de que todos le mirábamos, pareció volver a la realidad y exclamó:
-¡Ah! Para mí lo mismo-seguramente ni siquiera sabía lo que había pedido.
Mientras nos traían los platos, él comenzó a charlar:
-¿Qué tal estos días, Paula? No te he visto mucho, la verdad.
-Ya, es que he estado con mi familia este tiempo.
-¿Y qué habéis hecho?
-Han ido de excursión por aquí cerca-explicó Laura, deseosa de charlar un poco.
-¿Habéis probado a ir hacia la casa de Lolita? Es una chabola que está un poco lejos, pero el paseo es bonito-dijo el chico, sin mirar siquiera a su novia.
-No, por allí no hemos ido-respondí, algo incómoda por la atención.
-Deberíamos ir un día... ¿no, Laura?-le preguntó.
-Un paseo romántico... qué raro en ti, ¿no?-bromeó ella, sonriendo.
-Si quieres puede venir ella también, así no se te hará tan raro-sugirió él con otra sonrisa.
Se notaba que Laura prefería que el plan fuera sólo para ellos dos, pero no quería hacerme daño diciéndolo, o dejarme excluida al principio de la cena. Yo, para ahorrarle el mal paso, decliné la invitación, alegando que ya había andado demasiado esos dos días.
Seguimos hablando un rato, se notaba que él quería decirme algo, pero no delante de Laura. Yo lo sentí por ella y no lo comprendí del todo, ya que él debería confiar en Laura más que en mí, por simple cuestión de amor o ni que fuera por todos los años que llevaban siendo amigos.
-Oye, Paula, tenemos que hablar...-dijo cuando estábamos casi acabando de cenar.
-Lo siento, pero he de irme ya, hablaremos otro día-me excusé, sintiendo la mirada estupefacta de mi amiga en mi nuca.
-Adiós-dijo ella, cortante.
-Ya hablaremos-se despidió él, y se notó que no era una forma de hablar.
Yo me fui precipitadamente; me hubiera gustado que me explicase todo lo referente al "incidente", y el porqué de que estuviera solo en la playa y... llorando, pero tengo sentimientos más fuertes que la curiosidad, como el no fallar a una amiga-aparte de medio colarme en su cita, no podía ponerme a hablar a solas con su novio-.
En cuanto llegué a mi casa la llamé por teléfono:
-¿Qué quieres?-me dijo ella con enfado.
-Oye, no estarás enfadada, ¿verdad?-respondí, a pesar de que era evidente.
-Oh, qué va. Sólo has intentado ligar con Javier, ¿por qué iba a estar enfadada?-ironizó.
-¿Qué? Yo no he intentado ligar con nadie. Por eso me he ido antes, para que hablarais de vuestras cosas, ¿vale? Así que no te pongas borde conmigo, encima que te hago el favor.
-Pues no hemos podido hablar, porque se ha ido dos minutos después de que tú te fueras-replicó ella. Ya no tenía tono enfadado, sino triste.
-Laura, yo... ¿estás segura de que es realmente lo que buscas? Porque si siempre va así vuestra relación...
-Iba genial-respondió ella antes de colgar-hasta que apareciste tú.
Yo arrojé el teléfono sobre la cama y me tumbé en ella de un salto. Pasé de la furia a las lágrimas, y luego, más calmada, me puse a pensar. ¿Podía ser que le gustara a Javier? Todo lo demostraba así. Pero yo no sabía cuáles eran mis sentimientos...

3 comentarios:

  1. gracias!! tus blogs tb me encantan, hasta me gustaria copiarte la idea de poner a los protas en imagenes en un margen, si me queda espacio, jaja .

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  2. ais que bonito!!
    lo de los protas en un margen no me gusta muxo yo prefiero que la gente se los imagine jeje
    ais esta claro qu le molabas a javier!!
    a ver si se lian pronto!! q ganas!!
    jajaj un besito :)

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