Hola, soy Paula Martín. Hace un tiempo viví una entrañable historia de amor, que he querido compartir con todos los internautas que se pasen por aquí. Viajad con vuestra imaginación a las playas, los campos, las casas de piedra y el sol de verano...

domingo, 19 de septiembre de 2010

Episodio 29: es mejor que no

Al cabo de unos días tras la irrupción de Blanca en mi casa, ocurrió algo que no creo que olvide nunca, porque nunca se olvida la primera vez... aunque termine en desastre.
Lo que pasó fue que estábamos Javier, Laura y yo por el pueblo, como siempre. Era por la tarde, habíamos comido hacía muy poco, e íbamos a encontrarnos con el resto de la pandilla, ya que la tenían muy abandonada últimamente-a mí me daba igual, porque la mayoría ni siquiera me caían bien-.
Javier hablaba conmigo todo el tiempo, y repetía mi nombre a menudo-Laura ya me había comentado mucho antes que a ella le encantaba cuando decía su nombre, y a mí me pasaba lo mismo, aunque intentaba disimularlo-. Lo cierto es que aquel día mi amigo me estaba pareciendo algo irritante: se parecía de nuevo al chulo barato con gomina y cazadora, y no estaba de humor para soportarlo. Presumía todo el tiempo de cosas que había hecho, y Laura, harta de verlo conmigo, se nos adelantó. Yo me sentía mal por ella, pero no sabía qué hacer; dejar plantado a Javier tampoco era la mejor opción, a pesar de lo insoportable que estaba.
De pronto, él me agarró del brazo y me dijo:
-Espera...
Contuve la respiración. Sabía lo que iba a venir a continuación.
-Quería preguntarte una cosa.
-¿Qué pasa?-le pregunté, a pesar de que lo sabía perfectamente.
-Te gustaría... ¿quedar para cenar conmigo esta noche?-me preguntó sonriendo, como si fuera mi mayor sueño. No dije nada; estaba demasiado indignada por su confianza.
-Entonces quedamos a las ocho-concluyó, malinterpretando mi silencio. Parecía relajado, como si hubiera sabido de antemano que diría que sí. "Te vas a enterar" pensé:
-Lo siento, pero es que no quiero quedar contigo. Es mejor que no-dije. Me sabía mal, pero no tanto como había pensado en otras ocasiones. Además, hubiese dicho que sí posiblemente, si no hubiera sido tan confiado.
-¿Por qué?-dijo él, confundido.
-No me apetece, eso es todo-respondí.
-Oh... vale.
Parecía humillado; iba con la cabeza gacha y en silencio. Le dije que me iba a casa y él asintió con la cabeza, sin decir nada más.
Se le habían bajado los humos; pronto sería otra vez el Javier que yo quería, pero... ahora sabía de verdad lo que sentía por mí.

2 comentarios:

  1. ya me habia asustado, creia k se habias vuelto otra vez un imbecil... odio cuando los xicos son asi k se creen? xaoo

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  2. Creo que se estaba haciendo el chulo para no demostrar lo nervioso que estaba realmente por dentro. Espero que publiques pronto.
    Un beso.

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